Mercosur: inmovilidad de flujos,

sin corrientes renovadoras

Lorenzo Aguirre

La sexagésima reunión ordinaria del “Consejo del Mercado Común y Cumbre de Jefes de Estados del Mercosur y Estados Asociados”, llevada a cabo en Paraguay, demostró una vez más el fracaso del bloque a lo largo de 31 años, porque las asociaciones comerciales son positivas si apuntan y concretan objetivos elevando los aspectos de cada miembro, y por supuesto desplazándose, tomando firmeza, relevancia, en la economía internacional. De no ser así, se continúa en el subdesarrollo, mientras otras corporaciones, como “Alianza del Pacífico”, en la cuarta parte de tiempo recorrió un camino fructífero, convirtiéndose en una plataforma de lanzamiento hacia el resto del mundo. En esta edición “mercosuriana”, Argentina, Brasil, Paraguay, y Bolivia, emitieron una declaración final, sin Uruguay, pues nuestro país no acompañó al no incluirse las menciones de “necesidad de modernización, o flexibilización del bloque”. Por lo expresado, es la cuarta vez que, un comunicado, no es firmado por todas las partes.

El documento del encuentro – con los países firmantes -, saludó los “esfuerzos realizados”, destacó la continuidad del bloque con vistas a mejorar la competitividad, la integración en cuanto al aspecto económico regional y extra regional, como asimismo reforzar la estructura institucional “Mercosur”.

Pero, la propuesta de Uruguay, de avanzar hacia un Tratado de Libre Comercio (TLC) con China, fue rechazado – especialmente – por Argentina, y Paraguay, quienes señalaron la violación a los articulados del “Mercosur”, al negociar de forma unilateral, y no en bloque.

Es indudable que, los problemas en el “Mercosur”, continúan como siempre, quedando claro el acrecentamiento si tomamos en cuenta el tema de negociación comercial con terceros países y la situación de concretar un acuerdo bilateral con China, pues, se ha llegado a hablar de provocar un posible quiebre del bloque.

La iniciativa entre Uruguay, y China, estimula a seguir el mismo sendero con otros países, pero, al parecer, lo expresado marcaría disidencias y detención en cuanto a transitar conjuntamente.

Si bien el “Tratado de Asunción” pauta normas en la estrategia con terceros países, ha quedado claro que, al comenzar un nuevo período presidencial en el bloque, los pensamientos no son similares, y Uruguay busca negociaciones dentro de una estructura en la cual intervengan todos los miembros, donde se manejen compromisos recíprocos y al mismo tiempo diferenciales, en particular teniendo presente los países con menos posibilidades de proyección.

Tal vez, a esta altura de las cosas lo menos traumático debería ser lograr mayor flexibilidad, y salir de tanta estructura paleolítica inmovilizando los flujos y corrientes renovadoras.

A decir verdad, Argentina, desde el vamos, poco nos ha respetado – los demás componentes del bloque en buena medida gozan de oídos sordos, tortícolis, y unas cuantas adulonerías hacia los gobiernos de dicho país -, y por parte nuestra si hablamos de “Diplomacia”, refiriéndonos a una especie de ciencia de Relaciones Exteriores, saber negociar, concretar una política internacional determinada, y orientar los intereses del gobierno, poco y nada ha existido.

Desde hace largo tiempo no se busca atenuar dificultades, bregar por acercamientos constructivos entre comunidades, y lograr una paz perpetua – más allá del idealismo internacional de Immanuel Kant – dentro de un marco jurídico de tratados y acuerdos con principios básicos de respeto a la soberanía de los Estados, sin intervención, ni intereses.

Mientras tanto, soportamos la soberbia e hipocresía del presidente argentino – ¡lamentablemente, aquí, nadie lo manda lo suficientemente lejos como para que se entusiasme y no vuelva! -, señalando – respecto a la propuesta del presidente Lacalle Pou -, “¡que no nos ilusione la idea de separarnos y buscar soluciones individuales!”.

Sería oportuno recordar su famoso “destello cósmico”, al expresar, “¡al que no le guste, que se baje del barco!”.

Pensando en el “espacio Mercosur” debo confesar la existencia de cierta fantasía, en alguna medida irrealismo épico, tontera dentro de un falso halo poético, y escasez de romanticismo, pero salvando las distancias, no falta ese perfil imperialista por parte de la “capital” – léase Buenos Aires -, hacia la “provincia” – léase Montevideo -, y la prepotencia para imponer un liderazgo colonialista – “virtud” de cierto sector porteño que, desde el virreinato del Río de la Plata, servilmente continúa reptando en busca de aire monárquico, aunque tan solo sea un pálido reflejo del absolutismo de Fernando VII – que los arrastra a manifestar la “frase poética” de referencia.

Uruguay, se adhirió al Mercosur, de forma libre y soberana, mientras el “amor” por parte del presidente argentino, es ironía, amalgamada con la hipocresía que lo caracteriza.

También, es apropiado hacer memoria sobre el ex canciller Felipe Solá – expulsado del Gabinete de Ministros de Argentina -, diciendo: “Uruguay, ha tenido una actitud muy dura respecto al Mercosur, y tiene un presidente que usa cuanta rebeldía contra Argentina, como elemento de política exterior”, para culminar manifestando: “somos acreedores en la relación bilateral, pues Uruguay nos debe más cosas a nosotros, que nosotros a Uruguay”.

¡Engreído y tonto desde el desayuno hasta el mediodía, y después del almuerzo, por el resto del día!

Volviendo al “Mercosur”; es un débil bloque, necesitando una visión más panorámica, profunda, salir de una vez por todas de treinta años de enquistamiento donde poco demostró de mercado común, y no consolidó una verdadera unión aduanera.

Si no recuerdo mal, a lo largo de su existencia enlentecida y fuera de tiempo, no pocas veces se buscó reactivarlo – obviamente con escaso interés -, pero, indudablemente, sin éxito, y, en consecuencia, el “Mercosur” atraviesa un alérgico contexto geopolítico en el mundo, continuando en medio de temporales internos.

Esto, de integración, no solo perdió rumbo en cuanto al origen, a la esencia del motivo de formación de agrupaciones comerciales, sino, que, la búsqueda de acuerdos durante los peores gobiernos en toda la historia de nuestro país – ¡léase “Frente Amplio” -, desestabilizaron lo conquistado, y diplomáticamente nos fuimos quedando de lado.

Algunas veces he pensado, ¿qué ocurriría, si dejáramos el bloque?

De todas formas, nuestro país puede seguir integrando el “Mercosur” aunque firme en forma individual un tratado con China, y que Argentina no se ponga tan puritana ni majadera porque vale recordar cómo se quitó del bloque a Paraguay, y se hizo ingresar a Venezuela.

Más allá de lo expresado, por parte de nuestro gobierno existe interés en adherir al “Tratado Integral y Progresivo de Asociación Transpacífico” (“TPP”) – anteriormente “Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica” -, compuesto por países tales como, Vietnam, Japón, Canadá, México, Chile, Perú, Australia, Singapur, y Nueva Zelanda, entre otros, y que, en estos momentos presentan “expresión de compartir”, Taiwán, Filipinas, Colombia, Costa Rica, Indonesia, e India.

Se trata de integrarse a ese tratado de libre comercio entre países de la cuenca del Pacífico – fundado en 2016, en Nueva Zelanda -, una plataforma económica Asia – Pacífico, que establece estándares de trabajo y bajar barreras comerciales dentro de una equilibrada sólida interrelación.

Quizá, ¡no hay que perder tiempo!  

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