Mi humilde opinión

Jorge Nelson Chagas

No es mi intención meterme en un terreno – el análisis político coyuntural – que otros estimados colegas politólogos dominan mucho mejor que yo. Por tanto mi opinión es la de un simple ciudadano en uso de su libertad, como tantos otros.

Da la impresión que todos los principales actores del referéndum tienen motivos para estar contentos.  (Salvo, supongo, los partidarios del voto en blanco) Fundamentalmente el gobierno que ha salido victorioso y podrá seguir adelante con su programa.  Los partidarios del SI, también pueden festejar porque fue una derrota ajustada y han demostrado que tienen no poca fuerza.

En forma humorística se puede decir que el viejo y querido Uruguay del eterno empate sigue ahí, vigente, inconmovible.  Ahora bien, creo que no está de más mirar los hechos con un poco más de profundidad. 

Para empezar: hace tiempo que he dicho que sería un error garrafal subestimar a Lacalle Pou. Es un político inteligente, carismático – tiene un excelente dominio de imagen – y tiene claro sus objetivos. El herrerismo es un grupo político que ha sido terriblemente coherente históricamente en su predicamento liberal-conservador. Es un núcleo ideológico muy sólido que ha encontrado en el Presidente de la República, un excelente líder, claramente anclado en la política del siglo XXI.

Asimismo, la coalición más allá de diferencias y tensiones internas el resultado la estabiliza. Uso la palabra “estabiliza” porque no estoy completamente seguro que necesariamente la fortalezca.  

Por otro lado, es bueno recordar que la iniciativa del referéndum no partió de la izquierda política, sino del movimiento sindical. El Frente Amplio fue “arrastrado” por  impulso del PIT-CNT, al punto que se incorporó a la campaña de derogación de los 135 artículos, pasando por alto que algunos de esos mismos artículos los había votado afirmativamente. ¿El PIT-CNT pasó a controlar al Frente Amplio?

En realidad, el problema parece más complejo. La izquierda política está en un proceso de transición con respecto a sus liderazgos históricos. Mientras este proceso – el recambio generacional – no culmine exitosamente, hay un vacío que es llenado por la fuerza sindical. ¿Cuánto tiempo puede durar esta situación? No tengo idea. No juzgo si es bueno o malo, simplemente digo que es un hecho evidente.     

Pero curiosa y paradojalmente con el resultado del referéndum el gobierno tiene ahora un problema en sus manos.  Al permanecer la LUC vigente en su totalidad se le acabaron las excusas. Si hubiese perdido podría argumentar, con lógica, que sus fracasos eran culpa de la oposición. El mismo Presidente expresó que no podría gobernar sin los 135 artículos. Bueno…ahora la mayoría de la ciudadanía le ha brindado su apoyo para que cumpla sus promesas.     

Las cuestiones de los combustibles, la inflación, la reforma de la seguridad social, la seguridad pública, para citar algunos, están allí. No me refiero a si el gobierno tiene o no las capacidades para resolver esos temas, sino que ante el legítimo veredicto de las urnas deberá actuar. Gobernar es optar, dice un viejo y sabio aforismo. Se opta, por tal o cual solución y se afrontan las consecuencias políticas.

En fin, cierro esta humilde opinión con otro poco humor: tranquilos nobles liberales, el marxismo internacional no cogobernará; tranquilos nobles izquierdistas, el neoliberalismo no arrasará con todo. ¡Somos el país del empate!

Gracias a Dios y a la Virgen Santa…

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