Museos en la noche

Marcelo Gioscia

La feliz iniciativa, que surgiera al parecer en Berlín en 1997, replicada en muchos países del mundo, e impulsada por el Ministerio de Educación y Cultura en nuestro país, abre las puertas en un horario diferente al habitual, de ese mundo -muchas veces desconocido por el gran público-, que conforma el acerbo patrimonial, que en ellos se conserva y exhibe. Muchos museos de todo el país, se sumaron a la actividad de esta 16ta.edición a fin de promover esa aproximación a los lugares que buscan preservar nada menos que la historia de la cultura y el arte en sus diferentes manifestaciones, además de instruir -a través de los objetos atesorados- sobre la historia de pobladores y próceres que hicieron nuestra República, desde aún antes de su nacimiento institucional. El conocimiento del pasado, nos vincula inexorablemente a nuestras raíces y sin duda, nos habilita a proyectar nuestro porvenir, pero también al mirar y admirar obras de arte, nos permite afinar nuestra sensibilidad en el necesario silencio de la contemplación y con ello, fortalecer nuestro espíritu humano. Apreciar diversos materiales –nobles o reciclados- texturas, colores o técnicas de trabajo, que dan como resultado los objetos expuestos, nos permite valorar, tanto la obra humana, como el amor y dedicación puesto en su creación. Ello sin pretender soslayar la genialidad de quienes trascienden su propia existencia, legándonos una manifestación de su arte, más allá del tiempo que les haya tocado vivir. Algo sencillamente sobrecogedor. Tal vez la soledad cotidiana de muchas de las salas que intervienen, tanto de la capital como del interior del país, motiva esta realización cuando menos una vez al año, lo que debiera complementarse con programas educativos que impulsen el desarrollo del ser sobre el tener. Más de cien espectáculos brindarán la oferta de entretenimiento para toda la familia, con entrada libre y gratuita. No resulta menor esta idea, ya que estimular el desarrollo de las materias humanísticas, incidirá en la promoción de la necesaria formación en valores que debieran fortalecer esa condición humana, empática con los demás y respetuosa de su entorno, partiendo de la propia valoración de cada quien. Este año el Departamento de Colonia, habrá de vivir jornadas muy especiales, pues a sus museos tradicionales, habrá de sumar la reinauguración de la antigua Plaza de Toros del Real de San Carlos, habiéndose lanzado la temporada turística nacional en el mismo acto que, con todo brillo contó con la presencia de las más altas autoridades. Será un momento de encuentro y necesario disfrute, en un año también signado por los coletazos de la pandemia, que nuestro país ha sorteado con libertad responsable y eficiencia. Poco a poco, ha comenzado a reactivarse este sector turístico que la sufrió particularmente. Estas jornadas sin embargo, no deben hacernos olvidar los últimos datos del estado de la educación pública en nuestro país y la necesaria transformación que se impone en esta materia, porque son muchos los jóvenes que no finalizan siquiera los estudios básicos, y lo que es aún más preocupante y grave: saben leer y escribir, pero no pueden interpretar con sus palabras un texto que leen. Muchos de estos jóvenes, no adquirirán las destrezas mínimas para insertarse en la sociedad, cada vez más competitiva. Sin dejarse influir por presiones corporativas –muy propias de los estados de tipo totalitario- las autoridades de la educación, deben seguir avanzando en la necesaria transformación de programas educativos, que contengan a los jóvenes y a la vez, les permitan crecer con dignidad y valorar el trabajo como necesaria antesala de la superación por el esfuerzo. Se trata de lograr ser parte plena de esa gran Nación que supimos construir y nos muestran los museos.

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