Notas de alarma

Fátima Barrutta

“El mundo está loco, loco, loco” era el título de una película muy divertida que se estrenó en los 60.

Parece que décadas después, esa humorada se está confirmando, pero como tragedia.

La invasión rusa a Ucrania revive el espanto del nazismo alemán, tal vez multiplicado en el futuro por lo que puede llegar a convertirse en una nueva guerra mundial.

En Francia, es posible que en unos días la candidata ultraderechista Marine Le Pen se alce con la presidencia, apoyada con los votos de sus supuestos enemigos irreconciliables: los ultraizquierdistas de Francia Insumisa, que lidera Jean-Luc Mélenchon.

Este candidato, que quedó tercero en la primera vuelta, ha proclamado “ni un voto a Le Pen”, pero al mismo tiempo se niega a darlos a Emmanuel Macron, quien sin duda es la representación electoral de un liberalismo pragmático con sensibilidad social. “Ni Macron ni Le Pen”, gritan a coro los universitarios de la Sorbona, impulsando una corriente de opinión antisistema que hará mucho daño a la democracia francesa -si es que ya no lo ha hecho en proporción suficiente.

Aquí nomás, en Argentina, se sigue abriendo paso en la opinión pública un candidato antisistema como Javier Milei, que intencionadamente identifica a los políticos con una “casta” que trabaja para sus propios privilegios. La degradación de la actividad política en Argentina, con un oficialismo partido en dos, no justifica renegar de una democracia que, hasta ahora, sigue siendo, como decía Winston Churchill, “el peor sistema de gobierno, con excepción de todos los demás”.

¿Y por casa, cómo andamos?

El alineamiento de la coalición republicana que llegó a su momento cumbre en el triunfo del No del pasado 27 de marzo (un triunfo inclusive en términos absolutos, ya que la mitad más uno de los votantes colocó la papeleta celeste en respaldo de la LUC y del gobierno), parece ponerse en entredicho ahora, luego de múltiples escaramuzas, seguramente inspiradas en una situación económica que empieza a mostrar signos inquietantes.

Que la inflación y el alza del precio del petróleo son un problema mundial, derivado mayormente de la cruenta guerra en Ucrania, es algo por todos conocido: alcanza con mirar los informativos para comprobar que EE.UU., Europa y América Latina está viviendo los mismos coletazos que nosotros, en muchos casos con resultados aún peores.

Que ese sea un motivo suficiente para que los partidos que integramos la coalición busquemos perfilismos, inspirados tal vez en el éxito del reciente referéndum, me parece una decisión donde se mezcla ingenuidad política y oportunismo electoral de baja estofa.

El tema es esencialmente preocupante en el seno del Partido Nacional.

Mientras poco menos que crucificaron a un ignoto edil canario por aportar a Yamandú Orsi el voto que necesitaba para endeudar al departamento, en Montevideo la situación es bastante diferente. Como bien editorializaba Opinar la semana pasada, no debería haber diferencia en que las condiciones a votar un endeudamiento las haga un edil que negocia obras para su localidad, a que las haga una candidata que aspira a relevar al FA del gobierno departamental en el próximo período. En uno y otro caso, lo que se realiza es una comprensible negociación política, cuyo objetivo debe estar siempre en el bienestar general y no en el posicionamiento electoral de los implicados.

A esa falta de sintonía entre los blancos se suma la noticia reciente de dos bancadas que articulan por separado, una de la línea “luisista” y la otra de Por la Patria.

No habla bien del partido que lidera la coalición un enfrentamiento interno tan explícito, menos aún en el momento en que más debe demostrar templanza y unidad en el enfrentamiento de adversas condiciones internacionales.

Para complicar el panorama, desde la bancada  de Ciudadanos se propuso un paquete de medidas, algunas de ellas  curiosamente coincidentes con las que pregona el FA (las que a su vez vienen de las recetas aplicadas por el kirchnerismo en Argentina…).

Debemos entender algo muy importante: somos los socios clave de una coalición que debe seguir navegando en la tormenta con firmeza.

Somos el partido de Jorge Batlle y Alejandro Atchugarry , quienes junto a Isaac Alfie supieron surcar aguas aún más temibles y, sin embargo, dejaron al país en la senda del crecimiento.

No despilfarremos esos logros, afectando la credibilidad partidaria y con ello, el mejor futuro del país.

El mundo no puede estar tan loco.

Compartir

Deja una respuesta