Nuevo futuro presente del mundo global y digital de la educación

Claudio Rama

El vertiginoso cambio tecnológico con el inicio de la revolución digital está cambiando todas las realidades sociales y reconfigurando nuestras sociedades, economías, y también sin duda la educación y nuestros paradigmas sobre el aprendizaje. En el más puro sentido del análisis de Marx sobre cómo las relaciones sociales se apoyan en las fuerzas productivas, los estudios nos han ido mostrando los impactos de los cambios de las técnicas y las tecnologías en las sociedades y en las relaciones sociales y las formas de organización social desde aquel entonces. Años más tarde, Durkheim colocó en la división social y técnica del trabajo la bisagra que explicaba los cambios que, desde las tecnologías, se transferían hacia las actividades laborales y la vida social. Posteriormente, el estudioso ruso Kondratieff mostró que esas transformaciones productivas se expresaban en muy precisas revoluciones tecnológicas y que asumían históricamente dinámicas de ciclos periódicos de ascenso y descenso, a partir de las cuales se producían los cambios sociales a escala internacional y se organizaban nuevas formas de interacción entre el hombre y la naturaleza con el nacimiento de nuevas estructuras del trabajo más eficientes y de nuevas configuraciones sociales asociadas a los tipos de trabajo bajo esas revoluciones tecnológicas. Los estudios posteriores mostraron que esa dinámica no se limitaba a unas pocas revoluciones tecnológicas desde el molino de vapor, sino que estábamos frente a una sucesión de innovaciones rupturistas en las técnicas, al menos desde el año 1200, conformando un derrotero marcado por nuevas técnicas, transformaciones productivas y cambio de las estructuras sociales, incluyendo nuevas miradas a las sociedades. Con ello, también se identificó una tensión continua entre cambios técnicos y cambios sociales, con luchas entre sectores beneficiados de las nuevas actividades y formas sobre cómo organizar el mundo del trabajo y crear valor más eficiente, frente a los viejos patrones tecnológicos y sociales. En el medio de estas miradas, Khun con su concepto de revoluciones científico–técnicas asoció los conocimientos y las transformaciones técnicas, y permitió mirar la génesis y las características de este extraño mecanismo de relojería social, a partir de la creación de nuevos conocimientos y paradigmas conceptuales como bases para la irrupción de nuevas formas de producción, distribución, intercambio y consumo. Revolución digital de los 70 En este contexto de comprensión de nuestra evolución social, se inscribe la irrupción de una nueva revolución digital desde los años 70 del siglo pasado y la lenta desaparición de las tecnologías analógicas, las cadenas de montaje y la división internacional del trabajo así como las estructuras sociales que fueron gestadas en la revolución industrial fordista de inicios del siglo 20. A partir de ese cambio hacia el mundo digital estamos mirando las transformaciones en curso en todas las áreas de la sociedad, y que la pandemia, para muchos aceleró. Algunos tienden a ver a los impactos actuales de la revolución digital sobre los negocios y las sociedades como de mayor dimensión que aquellos que generaron los canales de agua, los molinos de viento, los barcos oceánicos, la pólvora, las máquinas a vapor, los ferrocarriles o más recientes las cadenas de montaje de principios del siglo 20. Ellos fueron también creaciones destructivas, como definiera Shumpeter, y abrieron negocios, grupos sociales, tareas y competencias educativas que permitieron nuevas riquezas superiores, pero que al mismo tiempo llevaran a la crisis a las empresas basadas en los paradigmas y técnicas anteriores, a los trabajadores al desempleo, al tornarse sus competencias obsoletas, y a las sociedades a fuertes problemas sociales ante nuevas demandas. Ellas abrieron también fuertes resistencias a los cambios, incluyendo a los ludistas que rompían las máquinas en el siglo 19. Todas estas innovaciones estructurales históricas hoy se vuelven a renovar y apoyadas más intensamente en el mundo del conocimiento con la revolución digital. Han ido cambiando el mundo del trabajo y al tiempo han impactado en nuevas demandas socioeducativas. La educación pasó a incluir la investigación y la innovación, a tener como centro el reciclaje de competencias y el riesgo de la obsolescencia del propio conocimiento. El saber ya había dado paso al saber hacer y ahora incluye muchas más competencias y especialmente saber actualizar los conocimientos y la capacidad de borrar los viejos paradigmas y saberes e incorporar nuevas competencias. Esta nueva dinámica histórica está articulando estrechamente la ciencia, la economía, el trabajo y la vida social y la educación. Impone la coordinación de estos procesos y puso a la investigación básica y aplicada como los factores más importantes de las fuerzas productivas y de los motores sociales. Introdujo una clara visión de las sociedades entre su capacidad de introducir cambios y los riesgos de futuras debilidades en su propio desarrollo. Identificó claramente algunas de las palancas en la construcción de la innovación estructural e incremental, y develó los nuevos ejes de la educación del futuro, centrada en el incentivo a la investigación y la creación de conocimiento aplicado, la protección de los derechos de propiedad intelectual para el propio proceso de impulso al saber, su articulación más estrecha a los mercados y la pertinencia como concepto de calidad, junto a la necesaria actualización curricular de los programas escolares, los docentes y los profesionales. La expansión del conocimiento creó los posgrados y la especialización del conocimiento, incluyendo el creciente rol de los recursos de aprendizaje y la educación virtual, incluyendo el machine–learning y la educación automatizada de MOOCs, simuladores y campos virtuales sincrónicos y asincrónicos globales, que ya no son nuestro futuro educativo, sino el presente.

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