Pandemia y miserias reveladoras

Marcelo Gioscia

Sabido es que, en las situaciones límite, es donde quedan al descubierto aspectos que podrían pasar inadvertidos en otras circunstancias y son los que revelan muchas cosas que hacen tanto a la vida de relación, como a la vida en la sociedad que integramos. Las respuestas que brindemos entonces nos delatan, será por aquel aforismo conocido -pero no siempre recordado- que expresa: “siempre existe una razón escondida en cada gesto” y al final el mismo concluye que: “uno siempre es lo que es y anda con lo puesto”. La interpretación corresponderá a cada quien, pero lo que se presenta como indudable es que la verdad -tarde o temprano- sale a luz y es allí, pese a quien le pese que, los relatos insinceros caen inexorablemente. Esta especial emergencia sanitaria -que el gobierno debió enfrentar a menos de dos semanas de asumido- es un claro ejemplo de ello, y en el derrotero de todos estos meses -para quienes hayan sabido observar y tomar nota- han quedado al descubierto concepciones solapadas, que no son menores ni debieran tomarse a la ligera, ya que denotan hasta la raíz de un pensamiento que puede convertirse en liberticida y atentar incluso contra las mismas instituciones. Exigir la cuarentena obligatoria y el cierre total de actividades o reclamar el confinamiento social, como forma de “frenar” los contagios –sin pretender atribuir intencionalidades- deja al descubierto un trasfondo de tipo totalitario, contra el que se ha alzado y felizmente ha predominado el criterio de la “libertad responsable”. Ha quedado claro que no se impondrán medidas prontas de seguridad y que se actuará dentro de la Constitución y de la Ley. Las medidas político administrativas que se adopten deben ser cumplidas, ello hace a la propia fortaleza de las instituciones de nuestra República. Y si bien hemos padecido a lo largo de nuestra historia contemporánea de sujetos o grupos que han propugnado “llevar agua para su molino” con el criterio de “cuanto peor, mejor”, la sociedad ha dado muestras de hartazgo y de la necesidad de un cambio en la conducción del Estado, el que felizmente se ha producido. La presunta “insensibilidad social” de los partidos “de la derecha reaccionaria y conservadora” ha quedado en un relato sin asidero, ante el incremento de los subsidios y ayudas sociales a los menos favorecidos y a los directamente afectados por la pandemia. Sin embargo, se sigue batallando contra la Ley de Urgente Consideración, sin respetar siquiera el ámbito de las “ollas populares” donde muchos compatriotas buscan su sustento, mezclando los intereses políticos con las verdaderas necesidades de la gente. Consignas genéricas con un claro contenido propagandístico y publicitario como la que reza la oposición a la LUC “porque lo urgente es la gente” no pueden resistir, frente a datos de la realidad, que han supuesto el respeto por los derechos humanos de cada uno de los habitantes de este suelo que se han buscado proteger, así como el necesario fortalecimiento de la autoridad policial para la defensa de nuestras personas y bienes. Atender con eficiencia y eficacia los distintos desafíos que a diario se presentan, requiere a la vez firmeza y templanza, pero por sobre todo, coherencia entre el decir y el actuar de acuerdo con los principios republicanos y democráticos que han distinguido siempre a nuestro país.

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