Para el Klemlin, lo transparente

 es un “resultado correcto”

Lorenzo Aguirre

A tres días de las elecciones rusas – parlamentarias, regionales, y locales – (16 al 19 de setiembre), según las últimas encuestas, el presidente Vladimir Putin es un líder desgastado, contando tan solo con diecinueve por ciento de intención de votos, dejando a su partido “Rusia Unida” (“RU”) en una situación comprometida. En nuestra opinión, el Jefe del Klemlin volverá a ganar pese a que, supuestamente, ha perdido el sesenta por ciento de adeptos, y más allá de “fiables” encuestas – ¡la realidad ha demostrado resultados erróneos en todas partes del mundo, incluyendo en nuestro país! -, consideramos que “Rusia Unida” vencerá holgadamente, llevando incluso la mayoría absoluta en la Duma del Estado – o Duma Estatal, como se le llama a uno de los poderes legislativos -, compuesto por cuatrocientos cincuenta diputados. Decimos esto, y resaltamos, porque la mitad del total de diputados son elegidos por listas partidarias, mientras el otro cincuenta por ciento por circunscripciones mayoritarias en las cuales, más allá de la tradición, se impone el oficialismo.

El pueblo ruso aprobó por setenta y ocho por ciento, contra veintiuno, la Reforma Constitucional, permitiendo a Vladimir Putin sumar unos cuantos añitos más al “ejercicio” del poder – lleva veintiuno, y finalizaba el dos mil veinticuatro -, y tirarse una “canita” hasta el dos mil treinta y seis, “módico” tiempo en el cual continuará adelante el “ajuste de modernidad” que, entre otras vírgulas presenta la enmienda – pasando por encima de las establecidas -, como, asimismo, anulaciones a importantes articulados, debilitando de esta forma el Poder Ejecutivo, y ampliando la fuerza del Parlamento.

Asimismo, es oportuno indicar que, el partido “Rusia Unida” tiene “buenos amigos”, pues, ahora, el “007” ruso cuenta con un sistema electoral que lo favorece, el cual echó por la borda gran parte de opositores a través de una entrelazada, prolija y agresiva cadena de leyes aprobadas por 146 votos a favor, 1 en contra – la fiscalía pidió a la Justicia, clasificar a dichos rivales como “extremistas desestabilizadores sociales” -, legislación flagelante para con los derechos del pueblo ruso.

También, es necesario destacar que, dentro de los actuales reglamentos, es “moda” bloquear las papeletas de votación en la cual se encuentren candidatos relacionados con el líder de la oposición, Alexéi Navaini, quien se encuentra “en retiro” desde el pasado mes de enero, cumpliendo una “terapia” de dos años y medio, ahorrándose en consecuencia los gastos de protector solar.

Esto, ha privado los derechos a figuras reconocidas, no condenadas a prisión, sino destroncadas por el solo hecho de encontrarse del otro lado del Klemlin, dejando en evidencia la inconstitucionalidad de dicho “sistema”.

Sería momento para destacar que, la “Organización para la Seguridad y la Cooperación Europea” enviaría a Rusia entre ochenta y noventa observadores, y unos cuatrocientos veinte funcionarios para supervisar la votación, pero el gobierno de Putin, limitó – ¡por motivos “sanitarios”! – en sesenta personas, las autorizadas para realizar ese contralor.

Con una población electoral de casi ciento cuarenta y cinco millones, se definirán además de los cuatrocientos cincuenta escaños de la Duma Estatal – doscientos veintiséis para la mayoría -, doce Jefes Federados, veintitrés Parlamentarios Regionales, y once ayuntamientos de capitales federadas.

En las elecciones de 2016, “Rusia Unida” contaba con un 55% de apoyo popular, pero dos años más tarde, tras el anuncio de aumentar la edad para jubilarse, la calificación descendió a 32%, cifra que, según los “especialistas”, ahora, el respaldo para el partido de Vladimir Putin estaría en el 19% (margen de error, +2, – 2) –¡pienso, sin embargo, oscilará en 28%! -, quedando en segundo lugar el “Partido Comunista”, 18 % – consideramos no obtendrá más de 14% -, seguido por el ultranacionalista “Partido Liberal Demócrata de Rusia”, 13% – estimamos 10% – y más atrás “Rusia Justa – Patriotas – Por la Verdad” (socialdemocracia), con 9% (quizá, no pase de 7%).

Putin, renovación y poderío

El ex miembro del KGB (Comité para la Seguridad del Estado) – agencia de inteligencia -, Vladimir Putin, destacado no solo como policía político dentro de la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas, sino agente en la otrora Alemania Oriental, estructuró un nacionalismo populista de corte conservador, más allá que, se pueden observar posiciones diferentes, pues, la ex Unión Soviética, de nacionalismo, poco tenía, y fue nada menos que Lenin quien mandó al proletariado a combatir contra el nacionalismo ruso, además de estimular la lucha de clases de Marx.

Ahora, “nuestro” ¡Putin, “James” Vladimir Putin!, busca “nivelar” algunas cosas, considerando buena época para reverenciar a Lenin, ideólogo ejecutor del genocidio de Ucrania, y creador en primera instancia del “modelo” campo de concentración, luego perfeccionado por el nazismo.

El mandatario Vladimir Putin – un archienemigo del capitalismo, pero con una fortuna arriba de los mil millones de dólares – es actualmente el hombre más poderoso de Rusia, y el Klemlin da luz verde porque dentro de la “ciudadela”, Putin, tiene su mini gabinete de poder, el apoyo del “Grupo de San Petersburgo – economistas, abogados, etc -, y por supuesto algunos viejos camaradas del KGB, “institución” que, al decir de los comunistas uruguayos, “no es una agencia como la CIA, porque no tortura, y busca cambios a través de la dialéctica”….

¡Si, acompañado con té inglés, y masitas francesas enviadas por “camaradas” de, De Gaulle!

Putin, quiere renovación, poderío económico, aquella Europa del Este de los tiempos de Stalin, proyectar su potencial para unificar los movimientos ultranacionalistas en una acción para desestabilizar la Unión Europea, repensar la relación con la Organización del Tratado del Atlántico Norte, ignorar acuerdos con Ginebra, y por supuesto no molestar a los burócratas de Bruselas, los cuales hacen la vista gorda.

El “imperialista Bond”, enfocado en una nueva era soviética, dejando en segundo plano el obsoleto comunismo ortodoxo, quiere ahora compartir junto a ultraderechistas, fanáticos, fascistas, radicales, antisemitas, y xenófobos, para establecer de una vez por todas un gobierno colonialista con “ideas modernas”.

En apenas setenta y dos horas, aproximadamente ciento cuarenta y cinco millones de ciudadanos rusos tendrán, en parte, la responsabilidad de poner proa a cierta dirección, y comportamiento político.

Para el Klemlin, lo transparente, es un “resultado correcto”.

Por supuesto, la forma en la cual se obtenga, es harina de otro costal. ¡A fin de cuentas, ninguna persona se pondrá, a contar votos

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