Pelotas Hemipléjicas

Daniel Chirico Costoya

Diego Armando Maradona más conflictivo que autentico, más contradictorio que real, en el homenaje a su eterna despedida y relacionando el deporte con su consuetudinario consumo de drogas dijo, que no importara lo que él hubiera hecho fuera de un estadio y que mas allá de todo “la pelota no se mancha”.

Si la verdad sobreviviera en forma más frecuente a los embates de la realidad o si los eufemismos no se tornaran en verdades reveladas, el Mundo tal vez asistiría a una mejor salud de la que hoy no tiene.

Los episodios consecutivos en nuestro maltrecho futbol uruguayo, protagonizados por el Club Atlético Peñarol y el Club Villa Española, con la flagrante politización y exposición público a un tema, tan difícil y aun no superado por los cultivadores de grietas como es nuestro pasado mas lejano que reciente, más conflictivo e invalidante que superado de la cuestión de los derechos humanos.

Ingresar a la arena donde las verdades, suenan medias mentiras no contribuyen en nada a los propios actores que en una declaración pretenden ensalzar un evento deportivo.

¿Es necesario salir del deporte y voluntariamente ingresar en un terreno en el que aun las heridas no terminan de cicatrizar?, las urgencias existen ¿, son necesarias?, que le aportan a una institución deportiva?, ¿es el ámbito indicado donde dar rienda suelta a nuestras convicciones humanistas?

Maradona no fue un adelantado en este aspecto porque tal vez su etapa de mayor proselitismo político sucedió en el retiro, habanos, arengan políticas, abrazos con más de un dictador, pero tal vez la salvedad no confirmada a cambio de prebendas, todo por el socialismo, pero desde los Emiratos Árabes Unidos, sociedades ancladas en el tiempo, ufanas de su opulencia.

El debate esta planteado para algunos no así para quienes entendemos con vehemencia que el Mundo debe tener algún tipo de refugio donde nos encontremos los ateos y los católicos, los laicos, los buenos los malos, los que somos de derecha con los de izquierda, algo debe ser el vehículo donde hacer la catarsis de nuestros conflictos y es tal vez el deporte su mejor ejemplo.

Esta columna no pretende arrojar luz ni explicar lo que aún muchos no han podido hacer, ¿es el deporte un estado más elevado del espíritu humano tal cual lo concebían los griegos?, donde ha quedado aquella máxima?, los uruguayos inmersos en una grieta profunda, tal vez mayor que la de la Guerra Grande o la Guerra del 4, de la que nos separan aquellos muertos, parecidos tal vez a estos y donde la reconciliación fue posible otrora hoy parece un obstáculo insalvable.

El deporte nos debe unir y buscar en otros ámbitos nuestra identidad política o si se quiere partidario, de lo contrario los equipos de futbol en este caso se identificarán no ya por los colores si no por sus votos, no ya por sus hazañas sino por sus definiciones categóricas de lo que entiende como sus verdades.

La explicación de estos fenómenos es multicausal pero no son objeto de este artículo, tan solo es rechazar interpretaciones asimétricas de la realidad porque no todos la entienden de igual manera, y pensar que el balón no se mancha puede ser una estrategia tan frívola como perjudicial, la pelota en la cancha gira a la izquierda o a la derecha e incluso transita por el centro y no es tan hemipléjica como muchos quieren creer……

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