Pensamiento libertario y el enojo necesario más la Oda al conocimiento

Tenemos que fastidiarlos metafóricamente y espetarles: ¡Sotretas!

Washington Abdala

Se los tenemos que decir cuando pinte, como sea y donde sea. Y no tener miedo a que nos digan que “levantamos la voz” y eso queda mal, que es políticamente incorrecto y que te pueden cancelar por iracundo.

La voz se levanta cuando se arruina la calma que con intolerancia deriva en la ignorancia.

Hay que alejar a los que alientan la ignorancia de lo decisional en la vida de los más jóvenes. Cada uno sabrá a quien le cae el sayo, esto es filosófico, no ando en los pretiles de la praxis bramando verbos melifluos. Procuro afinar la mirada ante los que se creen capaces de invocar sus funestas visiones para arruinar la posibilidad de futuro de los más chicos. Esos que creen tener la aptitud para interpretar la sangre nueva y los alimentan de bilis del ayer. Esos que miran lo diminuto y no levantan la vista ante el horizonte.

No se banca una sociedad que no alimente el sentido de superación y eso solo se produce si la convivencia es por esos valores y no por ticholos.

No tiene sentido el debate sin sentido.

Menos lo tiene cuando la discusión es siempre la misma.

Y menos aún lo posee cuando uno ya sabe lo que dirá Juan y lo que contestará María. Y luego -para colmo de la obscenidad- lo que escribirá Albertito de lo que dijeron ambos. Un embole, además de una pérdida de tiempo y una falta de respeto a la inteligencia elemental del sapiens 2021.

La vida es avanzar hacia el conocimiento, a brazo partido, sin dudar que por allí hay una piola donde agarrarse y meterle duro y parejo en ese loco afán (como dice el tango).

O nos peleamos por ser mejores o nos revolcamos en un lodazal de errores incomprensibles, evitables y previsibles.

¿Me van a decir que no sabemos dónde está el norte y el sur?

¿Acaso de verdad no entendemos  “todos”, repito todos, donde se alinea una comunidad, un grupo de gente, un país, cuando quiere salir adelante?

¿No es que sabemos tanto de fútbol… nosotros?

Bueno, ¿Cuando juega mejor un equipo? Cuando tiene once tipos que se entienden de memoria hay poca chance de que todo siempre salga mal. Algún día ese equipo empieza a funcionar como un relojito. Más temprano que tarde lo que se entrena, lo que se estudia, lo que se aprende, funciona.

Ya sé, ya sé, no es de un día para el otro, pero sobran ejemplos en el mundo de países que hace algunas décadas estaban en el horno y hoy la rompen…y son chiquitos montones de ellos, así que no me jueguen al “roba monton” para achicarme la cancha..

No hay salvadores,  como no hay milagros en la cotidiana. Solo hay trabajo, esfuerzo, orientación correcta y comprensión que hay asuntos que no se tocan, que se cuidan, que son de todos, que por eso mismo son “sagrados”. Sí, son sagrados son de todos, y si son de todos los cuidamos y los que así no lo hicieren nos traicionan a todos, a ellos mismos primero, pero a todos en su locura egoísta y dadaísta.

Parte de la problemática que padecemos en la actualidad -en la sociedad de la posverdad- es que nada parece “sagrado” y recalco, no en el sentido religioso, sino en el sentido de lógica viva, de la diaria, de lo que todos nos debemos para con todos.

Al leer a los actores de este tiempo, que son pocos, uno queda con la sensación que es una época transversal donde los conocimientos se explotan entre si y pocos captan el sentido del conjunto. Traducido, cada uno en su chacrita. Cada vez más. Y eso le resta sentido a la idea del todo, le quita peso a lo que está dado (la democracia que hay que regarla todos los días) y nos distancia de objetivos comunes porque creemos que están consagrados por alguna magia extraña. ¡No hay magia extraña querido! ¡Sos vos ante la vida! Punto.

La pérdida de esas visiones trae el “vale todo”. Y en ese juego se instala el golpe bajo, la maniobra pícara, el rumor, la maledicencia, la sospecha, el castigo en redes sociales internas y la vejación ante la sospecha. El ogro abre su boca y vomita lo incorrecto.

Y vale lo más miserable de lo que se nos antoje, total bajo el manto ignoto del anonimato se alimenta la crueldad más vil. La nueva inquisición virtual no sangra pero mata.¿ En serio no captan que es la turba patotera de siempre solo que ahora más cobarde y rata que nunca detrás de una computadora?

Así muere el conocimiento y emerge la ignorancia como madre de todas las batallas. Ama absoluta de las almas que ante ella se postran, nos inunda con su miseria y nos atrapa en clave de succión absoluta.

Listo, estamos liquidados, somos la ruina y la decadencia al no poder con ella. Es más, de alguna forma la alentamos a que nos devore, diosa del mal y eterna provocadora.

O entendemos que solo sin ella y con el conocimiento se avanza, o seremos lo que nunca quisimos ser. Si esto fuera Grecia antigua sabríamos que es una diosa mala y que hay que complicarle la existencia y sacarla del juego de cualquier manera (si, de cualquier manera).

Siempre hay esperanzas para los que tenemos esperanza, y no es un asunto menor este que hoy planteo, está en la cabeza cultural de nosotros mismos. Alguna generación de este país se creyó con la omnipotencia de interpretar un país alambicado, de gente gris y letanías varias. Yo no creo que debamos doblegarnos ante esas miradas, no las quiero creer y las combato. Las combato con la escritura, con lo que me queda de acción y con el alma.

No sirve mirarla de costado, hay que asumir que podemos y somos mejores el día que apostamos por ese camino sin angustias ni temores.

Y empujar detrás del conocimiento, de la educación, de la formación, de la divulgación y de la matriz cultural.

Allí está el querubín del futuro, que es hoy, que es ahora. Los unicornios de la vida son más importantes que los que andan haciendo millones, porque los de la vida serán los que mañana podrán apostar por más vidas.

Y sí, este artículo es dicotómico, binario, en clave bipolar como la vida misma.

Opciones. Usted se ubica de lado de los ignorantes, y recibirá toda mi desaprobación.

Si empuja con nosotros en el club del conocimiento, habrá premios de todo tipo, movilidad social, vidas nuevas, almas al viento y le juro que no dejaremos que haya sueños rotos. Eso lo hacen otros.

 Nosotros somos obreros de la esperanza y de la educación. En esa tina andamos la barra de buena gente que cree en estos menesteres. Y por allí va la bocha, no hay otra milanga más clara que esa. O educamos a mil y mucho más, o nos masacra la mesocracia.

Vamos por todo. Por favor vamos por todo!!!!!

Y aunque parezca delirante, este debate, vale para tantos lugares que el propio lector se impresionaría de saber su universalidad.

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