Pensar la Filosofía

Nicolás Martínez

Para la columna de esta semana, me parecía interesante retomar la discusión en torno a la filosofía, tan necesaria en tiempos de poca reflexión, donde parece ser más importante tomar posturas demasiado apresuradas, Twitter mediante, que el pensar las problemáticas para poder entender y argumentar sobre ellas. Corría el año 1969 cuando el filósofo francés Gilles Deleuze publicaba “Lógica del sentido”, la que más tarde pasaría a conformar una de las obras maestras del pensamiento contemporáneo. En 1994 recibió el Gran Premio de Filosofía de la Academia Francesa por su obra filosófica, la que consta de más de una veintena de libros.

Pregunta Deleuze: “¿Qué pensar de la filosofía que comprende que no sería filosofía si no rompiera por lo menos provisionalmente con los contenidos particulares y las modalidades de la doxa; pero que conserva lo esencial de ella es decir la forma, y que se contenta con elevar a lo trascendental un ejercicio meramente empírico en una imagen del pensamiento presentada como originaria?”

Esta pregunta destinada a la reflexión y el análisis está conformada a su vez por algunas afirmaciones previas y diversas preguntas dentro de la pregunta original, identificando en ella

Cuatro afirmaciones o premisas. La primera premisa es que la filosofía «no sería filosofía si no rompiera por lo menos provisionalmente con los contenidos particulares», la segunda sucesiva a la anterior, sitúa a la filosofía rompiendo también con «las modalidades de la doxa». Una tercera premisa cuando refiere que «conserva lo esencial de ella, es decir la forma» y una cuarta y última (en este desglose de la pregunta para su entendimiento y desarrollo) cuando refiere que ella «se contenta con elevar a lo trascendental un ejercicio meramente empírico en una imagen del pensamiento presentado como original».

La primera afirmación «no sería filosofía si no rompiera por lo menos provisionalmente con los contenidos particulares» le asigna a la filosofía como punto de partida un carácter de cambio, de deconstrucción. Esta premisa supone un conocimiento previo y asumido, en el sentido de que no se podría «romper» con un conocimiento sin una previa profundización de sí y a la vez, un objeto de transmisión. Se menciona «provisionalmente» como indicativo de tiempo, un lapso específico en la temporalidad de las cosas, dónde el mismo es constante y cambiante en una direccionalidad efímera, donde el conocimiento es y no es, lo es uno y a su vez, éste cambia por uno nuevo en una suerte de ciclo constante de cuestionamiento y construcción del saber.

Más adelante se hace mención a «contenidos particulares» como afirmación de un contenido singular e individual que es propio de la persona, contrapuesto a universal y general, esbozando quizás, la idea de un no-conocimiento filosófico y reivindicando la constante búsqueda de verdad del filósofo, ese amor por el saber que lo hace naufragar en los pensamientos, sus paradigmas y evolución de las ideas desde los anales de los tiempos, ya que no podemos afirmar de la existencia de un saber filosófico, sino de la suma de éstos en la constante danza del tiempo y las distintas respuestas y preguntas formuladas por filósofos tan distintos, únicos e iguales en esencia, con la implicancia respectiva de cada pensamiento, idea e individuo, es víctima y producto de su tiempo, condicionado por el propio contexto socioeconómico, político y cultural. Se puede afirmar que en la anterior premisa estamos frente a carácter más formal del conocimiento o saber en sí.

En la segunda premisa se realiza una asociación de la filosofía con «las modalidades de la doxa”, es decir, la opinión o la «vía de opinión» según Parménides, siendo contrapuesta a la «vía de la verdad», un conocimiento que no es tal, sino fenoménico parafraseando a Platón. De este modo podríamos dividir hasta ahora una asociación a la filosofía (según los preconceptos del autor) en un conocimiento formal y uno informal. El primero referido a «los contenidos particulares» y el segundo a las «modalidades de la doxa» en una suerte de encuentro entre lo objetivo y lo subjetivo, entre la «doxa» y la «episteme», lo concreto y lo abstracto.

La tercera premisa refiriéndose a la filosofía «conserva lo esencial de ella, es decir la forma» haciendo alusión a lo que le es propia de ella; lo que realmente es, en una significativa que plantea que siendo ésta el resultado del conflicto de ideas, éste, no le quita su esencialidad dependiendo de la conclusión. También, si la referimos al concepto de Kant de esta (forma), se podría referir a este resultado como el entendimiento en una función ordenadora y unificadora en el espacio y el tiempo.

Una cuarta premisa en referencia a la filosofía es que «se contenta con elevar a lo trascendental un ejercicio meramente empírico en una imagen del pensamiento presentado como original». Aquí se afirma que ésta magna ciencia ejerce una función de vital importancia en el mundo del saber, ya que su alegría (vida) es funcional a elevar el conocimiento a un altar muy significativo con grandes consecuencias con la responsabilidad que ello conlleva, dándole un carácter de seriedad y sensatez, de que nada es librado al azar mediante y sólo mediante, el método científico en base a la experiencia, la observación y análisis de los hechos confluyendo en una formalidad que la eleva de manera ascendente hacia las ideas. El resultado es una imagen del pensamiento, una foto, un compilado de saberes resumido en un conocimiento, en una idea, la que desde lo abstracto desciende a lo concreto para su propagación y difusión.

Las secuencias de afirmaciones contenidas en la pregunta terminan con el nacimiento de una nueva idea, «presentado como original», en una suerte de periplo donde el saber o el conocimiento termina en el inicio de la cuestión, un ciclo constante de cambio donde el saber nuevamente se presenta y dispone para ser cuestionado y deconstruido por la filosofía.

En conclusión y síntesis, refiriéndonos a la filosofía, se afirma un proceso o ciclo de la deconstrucción y construcción de ideas en el marco de la evolución del saber. Primero la partida desde un saber establecido que se posiciona frente a una idea específica, en una segunda instancia la contraposición y cuestionamiento de esta idea primera con las nuevas, relacionando el conocimiento formal e informal para en una tercera fase elevarse y trascender ese conocimiento para en última instancia dar a luz un conocimiento original. La filosofía, una vez más, se vuelve necesaria para nuestra cotidianidad, desde lo práctico y lo reflexivo, desde la pregunta y la respuesta, desde lo evidente y desde el misterio. Filosofía una vez más, para pensar, vivir y ser mejores cada nuevo día.

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