Polarización en Tiempos de Pandemia

Nicolás Martínez

Hace algunas décadas atrás, el filósofo, novelista y poeta francés Edmond Thiaudiere, señalaba que “La política es el arte de disfrazar de interés general el interés particular”. Bajo este entendido podemos intuir entonces, que en la política priman los intereses particulares por encima de los intereses generales. Ahora bien, el lector podrá coincidir que sobran ejemplos para tamaña acusación, aunque, por el contrario, la excepción no confirma la regla, es decir, que, bajo términos meramente formales, la generalización (la regla en este caso) será falsa ante la existencia de una excepción.

En el mismo sentido, la academia a mediados del siglo XX protagonizó interesantes discusiones al respecto. El Círculo de Viena (organismo científico y filosófico) sostenía en aquel entonces, que a partir de hechos particulares podemos llegar a hechos generales. Es decir, la repetición consecutiva de hechos particulares nos permite inducir hechos generales. En otras palabras, el conocimiento general es inducido por la secuencia de hechos particulares, lo que permite, en definitiva, el avance de la ciencia mediante la añadidura de conocimientos nuevos.

Uno de los principales detractores de este método científico fue Karl Popper, filósofo y profesor austriaco, quien consideraba absurdo el llegar a un conocimiento general a partir de la repetición de casos particulares. Por el contrario, afirmaba que era imposible llegar a través de este método a un conocimiento general que, para ser tal, debería cumplirse en todos los casos existentes y por existir.

Introduce entonces el concepto de falsabilidad, que remite a la posibilidad de demostración de falsedad de una hipótesis. En este sentido, afirma que las teorías científicas son aquellas que son susceptibles a ser puestas a prueba mediante la experiencia, de no ser así, no son teorías científicas, con una clara demarcación de lo que es y lo que no es científico. A grandes rasgos, Popper nos dice que, si bien no puede demostrarse la veracidad de una teoría, si puede demostrarse su falsedad, y si esta es falseada, será eliminada.

A modo de ejemplificar lo antes señalado, si mi teoría general es que “Todos los hombres son malos”, esta puede ser refutada mediante un sólo enunciado singular que sea contraria a la misma, por ejemplo: “Mahatma Gandhi es un hombre bueno”. En este caso la teoría general “Todos los hombres son malos”, al ser falseada mediante un enunciado singular, será invalidada y, por tanto, falsa para siempre.

Ahora bien, el lector podrá preguntarse a esta altura del artículo, ¿cuál es la relación entre la teoría científica anteriormente desarrollada (de manera simple y práctica) y la polarización en tiempos de pandemia? Pensemos juntos.

El pasado 2020 trajo consigo una emergencia sanitaria a nivel mundial que paralizó gobiernos, instituciones y a la comunidad científica. Dicho esto, trajo consigo otra pandemia con daños proporcionales: la polarización política e ideológica. A propósito de esto, Astrid Wagner, Científica Titular del Instituto de Filosofía del CSIC y miembro del Berlín Center for Knowledge Research, sostiene que «La polarización es un tema muy importante en estos momentos, y uno de los factores más relevantes para explicar muchos problemas que tenemos a la hora de manejar la epidemia». Wagner explica que, en esta polarización, cada individuo habita en una realidad propia e independiente del otro, es decir, se imponen dos tipos de realidades que no tienen comunicación la una con la otra. Si extrapolamos esta realidad a lo político, podemos observar claramente esta separación y distanciamiento entre facciones de un lado y facciones del otro.

Lo grave de esta polarización, es que afecta de manera directa y grave, la respuesta sanitaria a la pandemia, construyendo seguidores y detractores, amplificando los relatos construidos mediante los diversos medios de comunicación y redes sociales. La gravedad es tal, que muchas veces por sobreinformación o por fake news, se produce el efecto contrario: terminan desinformando.

Volviendo al tema medular que nos convoca, en esta suerte de polarización ideológica y política, se capitalizan y politizan casos particulares, casos aislados que rápidamente y mediante falacias se polemiza con ellos y son presentados como casos generales, es decir, como una realidad actual e imperante ¿Cuál es el resultado? Se genera pánico y miedo en la población, en las instituciones y, por tanto, en el gobierno.

¿Cuáles son las intenciones detrás de estas acciones? Sería una pregunta interesante por realizar a tantos actores políticos, sociales y científicos que, a primera vista, pareciera valer sus intereses particulares sobre los intereses generales, su ideología ¿o fanatismo? por encima del bienestar de la población. Cabe preguntar entonces, ¿hablamos de polarización o de polarizantes?

Cada uno de vosotros, habrá presenciado en algún momento, instancias de este tipo, donde incluso muchas veces, se crean falsas oposiciones, al decir de Carlos Vaz Ferreira en su obra “Lógica Viva” (1910). El filósofo uruguayo señalaba que muchas veces se crean falsos dilemas, falsas oposiciones a partir de enunciados o posturas que lejos de ser opuestas, son complementarias, es decir, se toma por contradictorio o por opuesto lo que es en realidad complementario.

Estas falsas oposiciones, estas falsas dicotomías no hacen más que generar confusión y desinformación en la sociedad. Teniendo en cuenta que estamos en el peor momento de la pandemia, es menester dejar de lado la creciente división fomentada por las aparentes e irreconciliables posturas de gestión de la crisis sanitaria por parte de los polarizantes. El sociólogo español Luis Miller señala en un reciente informe, que los países con mayor polarización son los que peores resultados han obtenido en el combate a la pandemia, una polarización alimentada por la alteración de los estados emocionales de la población. En la misma línea de pensamiento y complementando lo anteriormente señalado, el psicólogo social Jonathan Haidt, advertía hace poco en el New York Times que “El virus se ha convertido en un indicador de identidad tribal”.

A modo de cierre, una vez más hago un llamado a la necesidad de introspección y reflexión individual. Urge la concientización de que la polarización y las falsas oposiciones en este marco de emergencia sanitaria terminan costando vidas, vidas que pueden ser la de un amigo, la de un familiar, la de un ser querido. Cada minuto perdido en estériles debates y relatos partidarios, es un minuto menos de capacidad de acción para paliar esta crisis sanitaria, humana y social. Es momento de que los mercaderes del odio y del miedo dejen a un lado sus intereses particulares, es momento de que dejen de distorsionar la realidad. No debería haber lugar en esta crisis sanitaria para la demagogia y el oportunismo, para el miedo y el pánico. No debería haber lugar para la polarización en tiempos de pandemia. Como bien señala el filósofo estoico Marco Aurelio “Si no es correcto, no lo hagas. Si no es verdad no lo digas”.

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