Políticos: piedra en el zapato de periodistas en Latinoamérica

Hugo Machín Fajardo

Un relato atribuye los males a los medios. Pero hay una realidad: a los periodistas los hostigan y matan. Solo en enero, en México asesinaron a cuatro

Hay un relato esgrimido por presidentes y dictadores latinoamericanos que atribuye todos los males a los monopolios informativos, a los medios hegemónicos, a supuestas conspiraciones contra los intereses populares.

Y hay una realidad, que es el asesinato de periodistas, el exilio forzoso, el hostigamiento con jueces cómplices y la censura o autocensura.

El relato falaz tiene la ventaja del respaldo que le ofrece la clase política en general. Como ha anotado el académico y periodista argentino Fernando J. Ruiz, la percepción negativa de los políticos sobre la prensa «está basada en la convicción de que la política y la economía gobiernan más al periodismo que sus estándares profesionales».

Los presidentes Jair Bolsonaro, de Brasil; Andrés Manuel López Obrador (AMLO), de México y Nayib Bukele, de El Salvador, desde las alturas del poder rivalizan en sus ataques directos a la prensa. Una conducta que hizo escuela en el fallecido Hugo Chávez:

«Desde Aló, presidente circularon los insultos más vehementes que un jefe del Estado haya hecho contra la libertad de expresión», destacaba El Nacional de Carcas (17.08.18) —práctica continuada por Nicolás Maduro en Venezuela—, que fue constante en Ecuador, durante la administración de Rafael Correa; y que en Nicaragua arroja el resultado de que hoy no existe prensa escrita en el país centroamericano.

Asesinados. En México asesinaron a cuatro periodistas solo en enero de 2022. La última víctima mortal fue Roberto Toledo, reportero del portal Monitor de Michoacán, ultimado el 31 de enero. El domingo 23 de enero había sido asesinada Lourdes Maldonado, destacada trabajadora de prensa en Tijuana, Baja California, quien en 2019 advirtió sobre el riesgo que corría al propio AMLO en una de «las mañaneras» —conferencia de prensa diaria del Presidente— informándole que las amenazas provenían de un e gobernador estatal—Jaime Bonilla—, dirigente del partido de López Obrador (Morena). Cinco días antes de ser abatida, Maldonado había dedicado su programa a rendir homenaje al fotoperiodista mexicano Margarito Martínez, asesinado el 17 de enero de 2022.

En la madrugada del miércoles 26 de enero, se registró un atentado en contra del periodista José Ignacio Santiago Martínez, de Oaxaca, quien había retornado a su ciudad después de sufrir un desplazamiento forzado. Por poco no fue otra víctima mortal. En la noche anterior, el gremio de periodistas mexicanos había realizado una manifestación en la vía pública en reclamo del cese de los crímenes, por investigación efectiva de los asesinatos de sus colegas, y contra la impunidad.

En 2021, sumaron nueve los periodistas mexicanos víctimas del crimen organizado: Benjamín Morales, Alfredo Cardoso, Fredy López y Gerry Aranda, Gustavo Sánchez, Jacinto Romero, Manuel González, Ricardo López y Saúl Tijerina, cifra que ubica al país americano como el más peligroso para ejercer la profesión, sostiene el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés).

Según la periodista Yanely Fuentes Morales, del Diario Alternativo en el estado de Guerrero, —recién retornada a su país luego de estar exiliada en Barcelona en un programa de protección a periodistas— «los principales agresores son los mismos funcionarios, el Estado. Se creía que eran los grupos armados del narco, pero el narco no es solamente quien distribuye las drogas, sino que son aquellos que controlan la trata de personas, la tala indiscriminada de árboles, los que dan protección, que colocan personas en cargos públicos. El narco en México se ha diversificado bastante», sostuvo en una entrevista realizada por la emisora colombiana La W.

Preguntada si este sexenio es peor para la prensa que los de Enrique Peña Nieto, Felipe Calderón o Vicente Fox, respondió: «Sí, en el pasado no se tenía «las mañaneras” donde se legitiman estas agresiones contra la prensa».

AMLO habitualmente acusa a la prensa crítica de ser «tendenciosa, conservadora», de estar «al servicio del régimen corrupto” y al periódico El Universal lo llamó «enemigo del pueblo».

«Canallas». Bolsonaro ha sido calificado por Reporteros Sin Fronteras (RSF) como «principal depredador» de la prensa brasileña. El presidente de Brasil ha acusado a los periodistas de ser «unos canallas», de practicar «un periodismo canalla, que no ayuda en nada». Él también recurre a la publicidad oficial como premio y castigo, práctica común de otros jefes de estado autoritarios.

La beligerancia gubernamental ha generado miedo entre los periodistas brasileños expuestos al acoso virtual, detalla la periodista mexicana Guadalupe Galván, de El Universal, de México, en su informe Un grito de auxilio de los medios de comunicación en América Latina.

Las amenazas en las redes contra periodistas es la consecuencia natural de las agresiones realizadas contra la prensa desde el gobierno. Como las ha sufrido Patricia Campos Mello, de Folha de Sao Paulo, víctima de ataques misóginos hechos por Eduardo Bolsonaro, uno de los hijos del mandatario, quien fue condenado a indemnizarla.

«Panfletos». «Bukele teme al periodismo porque detesta la trasparencia», sostiene César Castro presidente y presidente de la Asociación de Periodistas de El Salvador. El politólogo salvadoreño Benjamín Cuéllar, especialista en DH, citado por Galván, afirma que Bukele califica de «panfletos” a los medios que no se le alinean, y ha creado, con fondos públicos, el Diario El Salvador al tiempo que confiscó una cadena de radios que estatizó difundir la labor gubernamental. Se suma lo que Cuéllar denomina «la maquinaria de medios de Casa Presidencial».

«Complot mediático». Maduro otorga el apoyo estatal al Sistema Bolivariano de Información y Comunicación de Venezuela, una plataforma de medios escritos, televisivos y radiales con el que enfrenta el «complot mediático», enemigo de su revolución. Entre 2014 y 2021 el chavismo cerró 84 medios impresos, canales de televisión y emisoras radiales.

Los presidentes y dictadores reseñados recibieron un espaldarazo a su práctica anti periodística durante la administración Trump, quizás el presiente estadounidense que más se destacó en la historia de ese país por su belicosidad contra la prensa a la que durante los cuatro años de su mandato de forma permanente adjudicó difundir falsedades, cuando él mismo batió el récord de mentiras: ​The Washington Post informó que en diciembre de 2019 Trump había hecho más de quince mil cuatrocientas trece (15.413) afirmaciones falsas o engañosas como presidente, ​un promedio de, aproximadamente, 14,6 de declaraciones por día.

Es que la comunicación para entonces ya había superado largamente a la información, en especial la que brindan los medios impresos, y el gran público cree más en las redes sociales sin verificar las fuentes en que estas se nutren.

Por cierto, que el lunes 24 de enero de 2022, el actual inquilino de la Casa Blanca, Joe Biden no aportó precisamente al mejor reconocimiento del periodismo como profesión democrática cuando molesto por una pregunta trató de «estúpido hijo de puta» a un periodista de su país.

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