Porrazo

Ricardo J. Lombardo

El entendimiento básico de una democracia es que el pueblo es el que tiene razón.

No la razón pura como diría Kant, sino la razón convencional de aceptación de un régimen político que, como dijera Churchill, es el peor de los sistemas, con excepción de todos los demás.

Lo que dice el pueblo, es la razón.

Hace unos años, cuando le fue adversa una consulta plebiscitaria, el entonces presidente uruguayo Tabaré Vázquez sostuvo que “el pueblo también se equivoca”. Me llamó mucho la atención esa afirmación de un hombre que siempre creí que tenía convicciones democráticas. Porque era la negación del sistema en el que vivimos.

Nos guste o no lo que resulte, lo que dice el pueblo es la razón que hay que admitir.

Ayer en Argentina, el gobierno Fernandez-Fernández experimentó un tremendo porrazo a dos años de ser electo.

En las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), sufrió un duro revés, incluso en regiones que parecían inexpugnables para el peronismo como lo es la Provincia de Buenos Aires.

En noviembre se realizarán las elecciones legislativas de medio término y dentro de dos años se elegirá nuevo presidente.

Se trata, claramente, de un voto castigo. A un presidente que no ha dado pie en bola, y que fue ungido por el verdadero poder que posee la vicepresidenta Cristina Kirchner, quien dedicó buena parte de su gestión a desarticular el Poder Judicial, a designar jueces y fiscales afines, para poder zafar a las gravísimas acusaciones de corrupción que caen sobre ella y los suyos.

Ella es la verdadera derrotada, pues perderá las mayorías parlamentarias que le permitían actuar con tanta impunidad.

Muchos, en Argentina, son partidarios de esa deplorable máxima de los populistas corruptos: “roba pero hace”, con lo cual gobernantes descaradamente corruptos han logrado perdurar en la vida política por mucho tiempo.

Pero ahora, el país vecino atraviesa una de las peores crisis económicas y sociales de su historia. Basta con mencionar una cifra para entender la gravedad de situación. En 1975, el 5% de los argentinos eran pobres. Hoy, esa cifra llega al 50% por cierto de la población. Altamente endeudado, en una marcada recesión, no supo manejar como debía el azote del  coronavirus. Por el contrario, registró episodios deplorables. Cuando escaseaban las primeras vacunas, desde el poder se instalaron vacunatorios VIP, para sus allegados y privilegiados amigos; nunca se supo por qué no pudo adquirir las vacunas Pfizer al principio, aunque se sospecha lo peor. Debieron conformarse con la Sputnik, de origen ruso,  una delas más cuestionadas. Y a cambio de ello el presidente Alberto Fernández le regaló un caballo a Vladimir Putin.

La fiesta de cumpleaños de la mujer del presidente en Olivos, cuando existían fuertes restricciones a la movilidad en una especie de toque de queda, pareció ser la gota que desbordó el vaso.

Uno podría seguir enumerando capítulos de este disparatario en que cayó el kirchnerismo y su ala combativa la Cámpora, liderada por Máximo Kirchner.

Ayer el pueblo argentino decidió darle una bofetada a todo eso. En casi la totalidad  del territorio sus candidatos experimentaron fuertes derrotas.

Ahora empiezan los reproches en el seno del gobierno, a ver quién tiene la culpa, o Alberto o Cristina.

No parece surgir evidencia de que haya una autocrítica sincera.

Y de un reconocimiento honesto de  que el pueblo, es el que tiene la razón.

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