Presidente ultraizquierdista…

Congreso conservador…

Lorenzo Aguirre

Luego de una campaña electoral realmente despreciable, enferma, con información bastardeada a través de medios de comunicación parcializados, otros comprados, y redes con exposiciones algo más que tendenciosas, plagadas de “fake news”, el ultraizquierdista – resalto “ultra”, porque siempre se expresa hacia la derecha – Luiz Inácio Lula da Silva se ha “coronado” triunfador – ¡aunque el garoto de referencia no debía aplicar esa palabra, tratándose de un antimonárquico! -, y asumirá su tercer mandato el próximo 1º de Enero. Por lo expresado, Brasil deja a un presidente “milico”, para tener a un hombre cuyo “dossier”, reza: quinto año de escuela, sindicalista, comunista, condenado a 12 años por corrupción, pero preso 580 días – una especie de “multa protocolar”, ¿no? – pues el pasado año el Supremo Tribunal Federal desestimó la sentencia, aunque descartara declararlo inocente.

Con comicios totalmente polarizados, y un pueblo cansado de corrupción, inseguridad y crisis económica, el menú de elegibles – en una patética lucha a dos “round” – fue demasiado colesterol malo, pues las propuestas de un lado y otro no son figuras ejemplares provocando reacciones de fe y esperanza. Queda claro que, la paleolítica ultraizquierda brasileña, al aterrizar nuevamente en Palacio de Planalto retomará fuerzas para llevar adelante sus desvalorizados propósitos, como asimismo energizar el Foro de Sao Paulo, comunismo, marxismo, alinearse nuevamente con el dictador Maduro, y reverenciar el terrorismo recostado sobre el Pacífico, emergiendo desde Colombia, Perú, Chile, sumando Bolivia, Argentina, como también Irán, que, desde hace tiempo, hace lo suyo.

Los planes de Lula, no son concretos, más bien todo lo contrario, destacándose por extremadamente vagos, aunque el electo presidente -¡no presidente electo! – no perdió tiempo en remarcar aumento de impuestos a ricos, elevar el salario mínimo, y afrontar la recesión que vive el país, aunque es oportuno señalar que, dicha descompensación se agudizó gracias a las políticas intervencionistas de Dilma Rousseff – alocada chica “bien ubicada”, integrante de la “Organización Revolucionaria Marxista”, del grupo guerrillero “Colina”, transformado en “Var Palmares”, la asociación terrorista más grande y sanguinaria de Brasil -, mandataria que, el Parlamento, expulsara del “Palacio de la Alvorada”, a raíz de edulcoración de cuentas públicas.

Conformación parlamentaria

En una elección donde se registraron más de quinientos incidentes violentos, y una “retórica universitaria”, la convocatoria llevó a 124.253.000 ciudadanos (79.41%) – de 156.500.000 habilitados –, quedando 118.553.000 votos válidos.

Lula da Silva, obtuvo 60.346.000 papeletas, ganando en Minas Gerais, Bahía, Toccantins, Sergipe, Alagoas, Pernambuco, Paraíba, Piauí, Rio Grande do Norte, Pará, Maranhao, Ceará, y Amazonia.

Por su parte, Jair Bolsonaro, llevó 58.207.000 – una diferencia a favor de Lula, de 2.139.000 -, triunfando en Rio Grande do Sul, Santa Catarina, Mato Grosso, Mato Grosso do Sul, Goiás, Acre, Rondonia, Espíritu Santo, como especialmente en Sao Paulo (55%), y Río de Janeiro (45%).

Ahora, ante un Congreso desprestigiado, convertido en conglomerado de partidos cuyos integrantes solo buscan dinero y cargos para sus amigos, la panorámica muestra que, Jair Bolsonaro amplió su bancada de senadores y diputados en relación a 2018, hecho que permitiría controlar el Congreso.

El actual presidente obtiene 14 Senadores, mientras Lula da Silva contabiliza 9, y en Diputados, Bolsonaro lleva 99, y 68 el representante del “Partido de los Trabajadores”.

Política internacional contenida

Brasil, la 12ª economía más grande del mundo, viviendo una deflación debido a fuertes rebajas de impuestos – no podrán ser sostenidos por el nuevo gobierno -, recibe el próximo 1º de Enero a Lula da Silva, que luego de perder tres elecciones, para moderar la imagen abandonó las camisetas con el rostro de “Che”.

La polarización, sumada a la situación económica, lleva a Lula a ser más discreto hacia los postulados ultra izquierdistas, y en alguna medida arrimar hacia el centro, alguna parte del cuerpo, “socrático” pensamiento y estrategia estimulada por las editoriales del diario camarada “Folha de Sao Paulo”.

El resultado de votos en cierta manera toma otra dimensión con el bipartidismo, dejando a un Brasil dividido, y una democracia erosionada en medio de falsedades populistas.

El nuevo gobierno debería restablecer el comportamiento ante mercados internacionales, pero, esos, esperan un ministro que lleve adelante una posición centrista, más allá que, la imagen de Lula tampoco simpatiza por los escándalos de corrupción en sus dos mandatos, como asimismo el quebranto económico a través de Dilma Rousseff, y por la corriente ideológica plena de soberbia del “Partido de los Trabajadores”, dirigentes revolucionarios, e influencia de populistas de Latinoamérica.

Lula, sin perder tiempo debe demostrar responsabilidad presupuestaria, pero tiene un conflicto con el “duende interno”, el cual le susurra que se convierta en líder regional, porque, el venezolano, es arrogante, asesino, e imbécil.

Por supuesto, la llegada al Planalto implica oxigenar la “Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños” (CELAC) – creada por Lula, y Chávez -, de la “Unión Suramericana de Naciones”, además de potenciar el “Foro de Sao Paulo”, y por supuesto atacar con mayor furia a la “Organización de Estados Americanos” (OEA), aunque me atrevería a decir que, en cuanto a política internacional, Lula, será más contenido al no disponer con los recursos de otrora para gozar hegemonía regional.

El futuro presidente de Brasil, fluctuará entre Estados Unidos, y China, pero, sin lugar a dudas, se acercará más a América Latina, y el Caribe.

En fin, nuestro continente está otra vez presionado por los siempre activos dinosaurios comunistas, marxistas, leninistas, y amalgamados por el chavismo, buscando ampliar horizontes imperialistas con un enfoque de “nueva política”, estableciendo pautas concretas en aspectos ideológicos, y posiciones más agresivas en lo económico, como asimismo social, para llegar a manejar una conducta “ajustada” a los tiempos que corren, e impulsar, llegado el momento, el espíritu de viejos tiempos.

La hipocresía, y el papanatismo reinante parece no tener límite, y la capacidad de asombro, inagotable, haciendo que, la interminable lucha entre derechistas e izquierdistas, sea una cómica comedia que nos hace ver la tontera de gran parte de la humanidad y el negocio promovido por neuronas siniestras que, con sus pasiones y empobrecimiento de esencia, nos deja un despertar oscurecido.

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