¿Quién es para denunciar “mentiras”?

Fátima Barrutta

“El gobierno se está acostumbrando demasiado seguido a convivir con la mentira”, declaró el presidente del Frente Amplio el sábado pasado.

La verdad es que cuando Fernando Pereira se pone a agraviar a la Coalición Republicana, consigue el efecto contrario al que busca: solo logra exacerbar a los frenteamplistas fanáticos, pero aquellos que analizan la realidad con objetividad y mesura, huyen espantados de tanta hipocresía insultante.

Porque miremos un poquito para atrás: ¿quién está denunciando que el gobierno miente?

¿El mismo que convocó a una caceroleada reclamando cuarentena general, y después dijo que nunca lo había pedido?

 ¿El mismo que denunció que la policía maltrataba a la gente, y después se demostró que era totalmente falso, porque esas “víctimas” habían sido filmadas por cámaras de los mismos agentes, demostrando que habían sido tratadas con absoluta corrección?

 ¿El mismo que habló de “muertes evitables” durante la pandemia y dijo que los CTI estaban desbordados, cuando luego se supo que todo fue el plan de un publicista que “adiestró” a médicos militantes, pidiéndoles que hicieran videos selfies denunciando esa falsedad?

 ¿El mismo que hizo campaña contra la LUC diciendo que si se aplicaba, se privatizaría la educación pública, se echaría a los inquilinos de sus casas, se fundiría Antel y la policía saldría a dar palos indiscriminadamente?

 La LUC se aprobó y ¿pasó algo de eso? Nada, por supuesto.

A lo mejor es el mismo que dijo que los sindicalistas docentes que abusaron de sus licencias gremiales eran “perseguidos”, cuando nuestros diputados demostraron con meridiana claridad en el parlamento que estas personas trucharon certificados para validar inasistencias injustificables.

O el que después dijo que este año había crecido la cantidad de uruguayos que se alimentaban en las ollas populares, cuando en realidad había decrecido sustancialmente.

O el que hace menos de un mes declamó que había que “bajar la pelota al piso” en el debate político, mientras ahora, el publicista del Frente Amplio reclama alegremente la renuncia del Presidente de la República…

O el que está diciendo que con la reforma previsional los jubilados ganarán menos, cuando será exactamente al revés.

¿Justo él viene a decirnos que el gobierno miente? ¿Se puede llegar a un nivel semejante de doble discurso?

La agresividad con que se planta la oposición en el escenario es verdaderamente preocupante.

Ni siquiera en los momentos en que, para vergüenza de todo el país, el vicepresidente Sendic se veía obligado a renunciar al cargo por el peso de sus irregularidades, los partidos que hoy conformamos la coalición de gobierno atribuimos intenciones o bajamos el nivel de la confrontación. Incluso en no pocas oportunidades acompañamos las decisiones de los gobiernos frenteamplistas, al punto que llegamos a dar nuestros votos en el parlamento para que buenas ideas de sus presidentes no naufragaran por la tozudez de los sectores de la izquierda radical.

Sin embargo, el Frente Amplio hoy está actuando como si nunca hubiera sido gobierno, como si pudiera opinar desde un limbo en el que la pandemia -con sus graves consecuencias socioeconómicas- no hubiera existido.

La hipocresía que Molière, el gran dramaturgo francés que nació hace cuatro siglos, personificó en el inefable personaje de Tartufo, es una inconducta que hace mucho daño.

Divide a la sociedad en lugar de tender puentes.

Siembra desconfianza y cosecha intolerancia.

Simplifica los debates y empobrece los intercambios de ideas.

En suma: corrompe a la democracia.

El país tiene por delante el desafío de grandes cambios que el gobierno, en mayor o menor medida, está tratando de ejecutar: una transformación educativa que reinstaure la equidad valeriana perdida, una reforma previsional que dé sustentabilidad al sistema, una apertura internacional que genere trabajo para los uruguayos…

Los pequeños y ruidosos buscapiés que tira la oposición no deben distraernos de esos desafíos.

Nuestro Partido Colorado -y en particular el Batllismo- estará siempre en la vanguardia del impulso a esos cambios, honrando su mejor historia.

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