Rechazo aplastante en todo Chile

Lorenzo Aguirre

Hace menos de dos años el 72% de chilenos votó a favor de cambiar la Constitución, haciéndolo por intermedio de una Convención. Ahora, el texto – redactado por parte de 155 integrantes -, que “buscaba reflejar” las demandas de ciudadanos, diversidad, representación indígena, e independencia de política tradicional, fue rechazado de manera aplastante por el 62% del electorado. De todas formas, veinticuatro horas después de la consulta comenzó el excesivo poder del gobierno, donde la voluntad popular en lugar de ser representativa, es vejada cuando las autoridades declaran que, “inmediatamente se llevará a cabo la anulación de lo votado porque tuvimos una instancia con buenos ánimos y términos para continuar este proceso, y llegar a una Constitución”. Traducido al español, da por hecho un nuevo movimiento constituyente, expresando un argumento no válido porque el “Rechazo” (62%), repudió la propuesta de la Convención, y no estaba en juego otro plebiscito el 23 de agosto de 2023 para repetir lo negado. Indudablemente la “cocina” de gobierno tiene su plan de acción, y ante una población harta, la maniobra psicológica de fatigar a la gente, puede llevar a ganar la partida.

Es complejo descifrar el “Rechazo” – “Apruebo”, solo ganó en 8 de 346 comunas del país – a la propuesta de Nueva Constitución que llega luego de interminables y agotadoras deliberaciones entre convencionales.

La situación de otrora, y el entorno del plebiscito para cambiar la Constitución de 1980, era totalmente diferente a la actual, como también el momento en el cual se formó la Convención, instante del estallido social de 2019 donde el fastidio de los ciudadanos buscaba modificar absolutamente todo, existiendo un empuje de participación tanto de jóvenes, como indígenas.

A lo largo de tres años pasó mucha agua debajo del puente, dando movimiento a una reformulación y fuerza protagónica de los partidos políticos.

Gabriel Boric, que en primera ronda presidencial había perdido con el derechista José Kast, posteriormente inició la jugada de “alejarse” en cierta forma de la izquierda radical llevando un discurso de centro, y por supuesto, al triunfar, ya sentado en el sillón de “La Moneda”, retomó su original posición ideológica.

A decir verdad, la elaboración de una nueva Constitución radical, asustó, y puso aviso a la mayoría de ciudadanos que, ante dicha propuesta, quedaron perplejos porque no reconocían la imagen del presente, la cual no era la apreciada durante la campaña.

También, es oportuno señalar que, los miembros de la Convención, se tomaron a pecho los ánimos exacerbados de los ciudadanos en 2019, pero no tuvieron presente que, en estos últimos dos años en particular, la derecha volvía a formar filas.

Texto controvertido y sutil,

reemplazando al Senado

Entre los ítems que el pueblo chileno rechazaba del documento, resaltaba que, el Estado, se definiría como plurinacional – expresión asociada con una incisiva división del país – y la creación de pueblos originales como un grupo privilegiado, discurso en buena medida tapado en el contexto – documento extenso, complejo y rebuscado, al cual se sumó una total desinformación en medios de comunicación, y redes sociales -, permeando el debate nacional, e instalando un aumento exponencial de dudas.

El escrito – muy sutil -, no explicaba de forma absolutamente delimitada el ejercicio de la autonomía política, y la Justicia indígena. Para esa población, la plurinacionalidad no reivindica las tierras de ellos, que buscan una reconstrucción como Nación Mapuche, no diferente.

Otro punto controvertido fue que, la nueva Constitución, no protegía en absoluto el derecho de propiedad privada.

Tanto el partido oficialista, como la oposición, se habían comprometido continuar el proceso constituyente, y para Boric, el resultado indicó “no aprobar el texto propuesto, pero sin rechazar un cambio constitucional”. Es oportuno destacar que, la oposición, consideraba avanzar hacia un Estado social de derecho, dejando claramente diferencias con la propuesta de la Convención, que, en lugar de sostener al Senado, pretendía reemplazarlo por una “Cámara de las Regiones”, además de procurar un “Estado Plurinacional”, en lugar de multicultural.

El cambio, buscaba pasar de una posición más conservadora, a una sociedad volcada totalmente a la izquierda radical, pero de una forma, u otra, en buena parte el país ha quedado dividido.

El presidente Gabriel Boric, manifestó: “para mí, lo que está en juego hoy, es si volvemos a fojas cero al ganar el “Rechazo”, y tenemos que iniciar un nuevo proceso constituyente, porque, acá, ya hubo una reforma constitucional que estableció los mecanismos en los cuales se reforma la actual Constitución del 80, y eso es mediante una convención 100%, electa”.

¿Quedó, claro?

Indudablemente se ha instalado el pensamiento que, el proceso no ha finalizado, y el mismo, será discutido durante largo tiempo.

Chile, mantuvo en democracia una Constitución aprobada durante la dictadura militar, y los primeros pasos para reformarla comenzaron cuando el mandato retornó a la población civil en 1989, prolongándose hasta 2005, para diez años más tarde, Michelle Bachelet, buscara modificar el perfil de dicha Carta, pero resultó que, en 2018, el nuevo presidente, Sebastián Piñera, canceló seguir con las transformaciones empujadas por la izquierda, especialmente del sector comunista.

Un año más tarde, después del estallido social, el gobierno de Piñera, y la oposición, establecieron un convenio, el cual dio origen al proceso constituyente que culminó con el “Rechazo” en la pasada consulta popular, hecho que supuestamente pondría fin al “tour” jurídico “Acuerdo por la Paz y una Nueva Constitución”.

Chile, proseguirá bajo la Carta Magna de 1980 hasta que, la ciudadanía, exprese su voluntad de modificarla y las dos Cámaras Parlamentarias aprueben la nueva ruta, pero, como señaláramos, apenas culminado el plebiscito, el gobierno se pasó de la raya del sistema democrático, agrediendo la voluntad popular al informar que, “con muy buenos ánimos nos ponemos a continuar con el proceso constituyente para llegar a una nueva Carta Magna”.

Traducido al español, el 62% de chilenos rechazó no solo la propuesta, sino además manifestó su repudio a la Convención, y al intento de cambiar el espíritu del país, pero la izquierda radical igualmente insistirá hasta ganar, porque ya se pauta – como dijimos – para agosto del próximo año, otro plebiscito, donde se presentará un texto maquillado, pero que, al final de cuentas continuará con el mismo perfil de lo no aprobado, demostrando una vez más, intolerancia, y desprecio por la democracia.

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