Reforma de la seguridad social

Entre la responsabilidad y la demagogia

Daniel Manduré

Max Weber ha formulado en sus valiosos y ricos estudios una profusa gama de reflexiones sobre la relación entre ética y política. El político decía Weber debe estar comprometido con una causa, creer en ella, depositar toda su fe en alcanzarla y al hacerlo no caer en la lucha del poder por el poder.

Debe siempre en política seguir su fe y si bien es necesario armonizar convicción y responsabilidad, el político decía Weber, debería convertir a la responsabilidad en su causa.

Perseguir ideales inspiradores, pero hacerlo con responsabilidad.

Max Weber dictó una conferencia en la universidad de Múnich hablando de estas cosas en un tumultuoso 1919, alertando sobre los peligros que ocasionaría anteponer las convicciones ideológicas a la situación real que vivía Alemania.

Que actitudes extremistas estaban llevando, presa de fanatismos ideológicos, a que la guerra se prolongara varios años más hasta terminar en un gran estallido revolucionario. Weber reclamaba la ausencia de flexibilidad, en definitiva, la falta de responsabilidad al momento de tomar decisiones. El no rechazaba la postura de aquellos que seguían el camino de la convicción, sino de aquellos extremos que al hacerlo la elevaban a la categoría de dogma. Infexible y divorciada de toda realidad.

Weber mencionaba también a la vanidad como ese gran mal que invade a algunos políticos, que prefieren agradar, que actuar con responsabilidad, a aquellos que prefieren hablar para la tribuna que a los que hacen lo que tienen que hacer. A los que adaptan sus convicciones de acuerdo con la simpatía que pueden causar sus acciones. Que hacen caso omiso a sus responsabilidades por actuar en forma complaciente.

Transforman sus decisiones en la más absoluta demagogia.

Weber plantea la disyuntiva entre la ética de la responsabilidad y la ética de la convicción. Ambos principios pueden combinarse y complementarse. La ética de la convicción no debería carecer de responsabilidad y la ética de la responsabilidad no estar huérfana de convicción. Todo en su justa medida.

Todas estar reflexiones de Weber se pueden transpolar a lo que sucede hoy con la reforma de la seguridad social.

Donde se hace necesaria una reforma en forma urgente. El sistema no soporta más y urge tomar medidas, sobre todo pensando en las generaciones futuras. En eso todos los partidos políticos coinciden.

Es momento de actuar con responsabilidad, sin medir costos políticos ni realizar cálculos electorales.

Hay un anteproyecto de ley que está a estudio, con más de 300 artículos, que el propio presidente entregó a los partidos políticos y que representantes del gobierno entregaron también a diferentes organizaciones sociales. Ese borrador, que marca pautas, fue el producto del trabajo de una comisión de expertos, donde estaban todos representados y recibieron más de 100 organizaciones que brindaron su opinión al respecto.

No pasaron unas horas de haber recibido el anteproyecto que ya se podían escuchar voces oponiéndose al mismo, con críticas muy duras. Incluso muchos ya lo estaban rechazando antes de conocerlo. Por las dudas seguramente.

El Pit Cnt, a horas de haberlo recibido ya había estudiado profundamente los 300 artículos del anteproyecto y en conferencia de prensa realizaba su férrea oposición.

Varios sectores del Frente Amplio, entre ellos el Partido Comunista y el Socialista hacían lo propio, incluso antes de recibirlo y a pesar de que Fernando Pereira pidiera cautela al momento de realizar declaraciones. 

Sectores políticos que hoy ponen el grito en el cielo y se indignan, tuvieron la gran oportunidad de realizar en los últimos 15 años, con mayorìas parlamentarias, su propia reforma. Una que calce a su medida, que contenga sus iluminadas ideas. Pero no lo hicieron, perdieron esa gran oportunidad. 

Al igual que sucedió en su momento con la prometida reforma educativa.

Toda esa luz que parecen tener hoy para indicarles con tanta solvencia y hasta arrogancia a otros lo que hay que hacer y que no tuvieron los últimos tres lustros.

15 años de apagón absoluto.

Esa vanidad de la que hablaba Weber y que termina inexorablemente en la demagogia.

Acá lo grave, lo lamentable, no es oponerse, porque hay una propuesta mejor, sino oponerse por oponerse, oponerse por si acaso o por las dudas. Oponerse porque es mejor hablarle a la tribuna que hacer lo que hay que hacer. No hay propuesta alternativa, nunca existió. La ética de la responsabilidad con la que tanto insistía Weber está ausente.

Habría que preguntarse: ¿el Frente Amplio se dejará llevar de las narices nuevamente por el Pit Cnt y por los sectores más radicales o actuará con la responsabilidad institucional que un tema superior como este exige?

Por las dudas ya comenzaron los paros, se anuncian más. El Pit Cnt nos ofrece movilizaciones, resistencia, lucha y muchos enunciados vacíos y etiquetas. De ideas o propuesta mejor ni hablar.

El país está necesitando de todos sus hombres, dejar de lado la política menor por actitudes de grandeza. Un gran acuerdo nacional.

Aunque uno lamentablemente puede llegar a adivinar el final de esta película. Como que a esta película ya la vimos, conocemos el final.

De ser así, el gobierno debería seguir adelante con el proyecto.

La ética de la responsabilidad deberá ganar este partido.

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