Reivindicando a Faroppa

Ricardo J. Lombardo

Una vieja ley de la Economía, que debe su nombre a quien la formuló Thomas Gresham, sostiene que en un mercado en que circulan dos monedas, la gente utiliza la que tiene menor respaldo y ahorra en la más valiosa, por lo que la primera subroga a la segunda.

“La moneda mala sustituye a la moneda buena” establece ese principio de manera resumida.

En las sociedades, con relación al recuerdo y a la vigencia de los protagonistas de la historia, parece que se aplica el mismo aforismo: los protagonistas malos sustituyen a los buenos.

Hace décadas que los uruguayos estamos discutiendo sobre la guerrilla, la dictadura y los violentos de una sociedad enfrentada, pero poco decimos sobre personajes extraordinarios que parece que han sido absorbidos por el gran agujero negro de nuestra historia.

Hoy quiero reivindicar a uno de ellos. Para mí quizás el más grande que conocí: Luis A. Faroppa, referente fundamental de las políticas económicas en nuestro país.

Y lo hago con conocimiento de causa pues me formé con él y tuve la oportunidad de trabajar tanto en lo profesional, como lo periodístico y  en lo político, con este brillante economista, convencido admirador de José Batlle y Ordóñez, con una sensibilidad social y personal como no he vuelto a encontrar en nadie más a lo largo de mi vida.

Esta reivindicación también es un homenaje a su memoria, casi diez años después de su fallecimiento.

Faroppa se recibió en 1940 a los 24 años con medalla de oro y de inmediato fue contratado como asesor del Ministerio de Finanzas.

También inició su actividad fundacional en la docencia universitaria. Entre otras cosas fue Profesor titular de Economía política y también de la materia que enseña la Teoría del Desarrollo Económico.

Además en 1949 fundó el Instituto de Ecomomía. Fue profesor de profesores, maestro de maestro. Coordinó una monografía en un grupo que integraron José E. Santías, Danilo Astori, Ricardo Zerbino y Alberto Curiel.

Poco después, se reunió en Buenos Aires con John Kenneth Galbraith, quien lo convenció de aplicar el enfoque keynesiano a las políticas económicas. Años después Raúl Prebish lo introdujo en el pensamiento estructuralista que este llevaba a cabo desde la CEPAL.

Faroppa fue uno de los más activos participantes de la CIDE ( Comisión de Inversiones y Desarrollo Económico), un ambicioso proyecto impulsado por los gobiernos nacionalistas que recogía las ideas desarrollistas y el estudio minucioso de las distintas actividades económicas con el fin de generar una planificación indicativa ambiciosa.

En 1967, ya en el gobierno de Gestido con la vigencia de una nueva Constitución, Faroppa fue el primer Director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, al frente de la cual permaneció solo unos meses debido a la oposición que sus planteos tenían en algunos sectores del Partido Colorado al cual él pertenecía. Faroppa había militado en la lista 99 de Zelmar Michelini, que promovía un enfoque más social en la política económica.

El golpe de estado y la dictadura, lo separaron además de la actividad docente.

En 1975, el diario El Día, que era el único medio de prensa opositor al régimen militar, le propuso  publicar un suplemento de economía que con un enfoque técnico pusiera en cuestión las políticas llevadas a cabo en ese período de irregularidad institucional.

Como era periodista y estudiante de Ciencias Económicas, tuve la suerte de ser designado su asistente y allí iniciamos una relación profesional y personal que duró varios años.

El suplemento lo tituló “ENFOQUES Económico Sociales”, lo cual se correspondía perfectamente con el pensamiento de Faroppa. Él no concebía la economía como una ciencia aislada de las relaciones y los resultados sociales. Estaba convencido de que era una vinculación de ida y vuelta.

Ya a esa altura estaba decepcionado del estructuralismo y de la forma en que los políticos habían instrumentado las políticas keynesianas. Aunque era muy respetuoso y amable en sus afirmaciones, no dejaba de ser sumamente riguroso. Sostenía que a Keynes se lo había leído mal, al interpretarse que el gasto público y los déficits era buenos siempre y que eso, en manos en manos de los políticos siempre necesitados de lograr apoyos populares, se había constituido en un arma que había hecho mucho daño en la economía uruguaya.

En 1982, los partidos políticos que habían sido habilitados luego del rechazo popular a proyecto de reforma constitucional de los militares, iniciaron una actividad fermental. En el Partido Colorado, junto con otros jóvenes valiosos como Hugo Fernández Faingold, y Ope Pasquet, tuvimos la responsabilidad de formular un nuevo programa de principios. Faroppa, fue un activo participante en la subcomisión de Economía, en que juntos representamos al sector de Tarigo.

Ahí se puso en evidencia un fuerte enfrentamiento entre dos visiones distintas que teníamos los colorados. Faroppa y yo en su apoyo, sosteníamos que el batllismo debía poner las políticas sociales compensatorias al mismo nivel que las económicas. Otros técnicos, más identificados con el pensamiento de Von Hayek, Von Mises y Milton Friedman, que se habían puesto de moda por esos años, querían confiar mucho más en el mercado y promovían una menor participación de los gobiernos en corregir los desajustes, desequilibrios e injusticias sociales que se generaban en la libre acción de los agentes económicos.

Aunque había superado su visión estructuralista y planteaba una interpretación más moderna de las teorías keynesianas, Faroppa era un batllista, un socialdemócrata, que no podía aceptar esa visión tan liberal que estaba ganando vigencia no solo acá sino en buena parte del mundo. Yo coincidía con él.

Al llegar al gobierno Sanguinetti en 1985, se apoyó en Jorge Batlle, que promovía ese tipo de políticas liberales y los equipos económicos se orientaron en ese sentido aunque, justo es decirlo, al final de cuentas las políticas que instrumentaron fueron realistas y poco ideologizadas.

A instancias de Tarigo, Sanguinetti nombró a Faroppa asesor económico de la presidencia, pero su peso se fue diluyendo,

Con el tiempo, su participación en la vida pública se tornó nula.

Fue una verdadera pena que el Partido Colorado y los gobiernos que continuaron, no hayan recuperado esta mente brillante, tan bien inspirada, tan sensible a los problemas de la gente, tan conocedor de los secretos de las diversas teorías económicas.

Este batllista, socialdemócrata y humanista, fue dejado de lado mientras primaban las políticas aperturistas, liberalizadoras impulsadas a rajatabla por los organismos internacionales.

Con el tiempo, sin embargo, fue evidente que no se debe desconocer el impacto de las medidas económicas en la vida social y que no se puede someter a vastos sectores a la pobreza, a la marginación y separarlos de las ventajas del futuro, sin que eso tenga nefastas consecuencias.

El Partido Colorado, otrora el partido ampliamente mayoritario durante la mayor parte del siglo XX, se alejó de la gente, instrumentó políticas que no interpretaron la necesidad de articular los intereses de trabajadores y empresarios, y cayó al cuarto lugar en la consideración popular.

Hoy hasta la Ministra de Economía del gobierno herrerista, se declara keynesiana

No tengo duda, a la distancia, que Faroppa tenía razón.

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