Responsabilidad medica

Alvaro Vero

Nos hallamos en una época en la que el cuerpo se moldea, la vejez se atrasa, la infertilidad se resuelve médicamente, las prótesis sustituyen las amputaciones, terapias genómicas, el encarnizamiento terapéutico es aceptado y pedido al igual que la prolongación artificial de la vida y la muerte no es más que un paso más de la vida.

El auge de la responsabilidad médica se halla fundamentado en varios factores generando un aumento explosivo de la responsabilidad médica.

El progreso de la ciencia y el aumento de métodos de diagnóstico y tratamiento, traen aparejados el adelanto tecnológico, no ajeno a los riesgos de interpretación y capacitación para asimilarlos.

Antes se aceptaba la decisión del» Todopoderoso», había resignación en decir que «Dios así lo quiso» pero ese poder ahora se lo atribuyen a los médicos y hasta se llega a la agresión o la incomprensión porque se siente que tiene el poder sobre la vida y la muerte y que un resultado no deseado solo es posible por error o irresponsabilidad.

Años atrás la relación paciente-médico era de tipo personal, era el médico de la «familia» a quien se tenía enorme confianza y respeto, en una relación cálida y sin discusión alguna y donde a nadie se le ocurría pedir una segunda consulta. Hoy la relación se ha deshumanizado y el médico pasó a ser un partenaire de organizaciones, un asalariado con autonomía profesional limitada. En definitiva el paciente ignora quien es su médico, le atienden equipos, y cada uno ve al paciente desde distintas ópticas profesionales enfriando la relación. El crecimiento de la medicina prepaga y seguros de salud han hecho desaparecer al médico «particular» vistiendo formas inclusive de SRL o de Sociedades Anónimas con ánimo de lucro, de asistencia masificada, regidas por el derecho privado y casi siempre sin auditorías de los contratantes.

Desde los ochenta crece la demanda por malapraxis, se vuelve industria en EEUU con costos exorbitantes y comienza en Argentina el surgimiento de seguros en la provincia donde actúan en ambas caras: como aseguradores y como fomentadores en los hospitales de denuncias por mala práctica y mala atención y recargando los costos del sistema con una medicina defensiva; los galenos ya no ven solamente al enfermo sino que le ven como una posible amenaza.

En el año 1979 realicé un estudio en la facultad de Abogacía de Bs.As. donde 170 fallos analizados 69% tuvieron sentencias en contra de los médicos e instituciones y las especialidades más condenadas fueron la cirujia y la obstetricia.

Recuerdo el caso de un profesional que atendía con un gorro cónico de «mago», con mucha clientela; y que denunciado y al ser requerido ´por la justicia mostró su título de médico ¡¡…generaba la confianza en el paciente que muchas veces no se logra.

Fue con el surgimiento de jueces que estudiaron el tema en profundidad, Dr. Alberto Bueres en Argentina (invitado por mí a congresos uruguayos generando conocimiento) y las Dras. Szafir y Venturini en Uruguay con publicaciones, inclusive invité a dar su opinión en Salto. (Termas del Daymán).

El fenómeno no siguió siendo explosivo y dentro de las causas está el límite (no establecido) de la demanda y la inversión de la «carga de la prueba» donde el médico estaría en mejores condiciones de probar su inocencia que el damnificado de probar el daño y culpabilidad.

Agotado los caminos previos, fracturado el vínculo médico-paciente, chocado con el despotismo ilustrado de directores de turno tantas veces dañino, en ausencia de comisiones de bioética inexpertas, soslayando normas jurídicas, éticas y gremiales que generalmente no asumen responsabilidades, con carencia de tribunales de negociación ante conflictos ,se entra en el terreno de abusar en abogados con escasa experiencia (frecuentemente) en estos temas,  se entra en el larguísimo y desgastante transitar en la justicia y sus carencias, viscicitudes, costos y desánimo sumado al posible daño.

Sobre ese tránsito nos referiremos en próximas notas.

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