Ricardo Pascale Solo podremos crecer si se unen ciencia y producción

Como corolario de la pandemia aumentará la brecha entre países ricos y pobres

Entrevistado por Jorge Bonino

Uruguay solo va a poder “crecer si se une la ciencia a la producción” y eso requiere “una educación muy dirigida hacia un país que tiene muy claro hacia dónde va,” pero, “Uruguay es uno de los pocos países de América Latina que podría hacerlo, porque tiene algunos activos que no lo tiene ningún otro país de América Latina”, afirmó a OPINAR el Prof. Dr. Ricardo Pascale.

Alertó además sobre que la aceleración de la revolución inteligente que se produjo en el marco de la pandemia, tendrá como consecuencia que “los países pobres van a ser más pobres y los países ricos van a ser más ricos; o sea, que se va a aumentar la brecha, la divergencia, entre países ricos y países pobres”.

En una entrevista realizada vía sistema de videoconferencia y en la cual las preguntas realizadas fueron solo las imprescindibles, porque la esencia docente y los conocimientos universalistas de Pascale hacen que, tema a tema, él vaya recorriendo todos los pasajes del complejo laberinto en el que se introduce solo y por el cual avanza con ideas claras y orientación precisa.

Para el polifacético ex Presidente del Banco Central del Uruguay en dos períodos de nuestra vida democrática pos dictadura, la primera preocupación que le surge es cuándo terminará la pandemia y ante ello dice que no hay una fecha que pueda pronosticarse, y que el proceso va a ser largo. Expresa que “hay algunas buenas noticias como lo son las vacunas”, pero acota que al haber varias con distinta tecnología, “la inmunidad comunitaria o de rebaño como se le llama, irá por una conjunción de tres variables: la mezcla que se haga de vacunas, o sea el portafolio de vacunas que se tenga, porque todos los países no pueden comprar Pfizer o Moderna, como es el caso de Europa o de Estados Unidos, que tienen una eficacia de 95% o más; qué parte de la población está dispuesta a vacunarse; y qué porcentaje de inmunes al mal hay en la población (muchos estudios para algunos países dan entre 10 y 20% de inmunes), siempre hablando de población de 16 y más años de edad”.

Sostiene que “el daño es muy grande, porque nosotros estamos acostumbrados a tratar crisis que vengan derivadas de fenómenos como desequilibrios macroeconómicos, casos como los de principios de los 80, en el año 1982, grandes desequilibrios macro que terminaron en una gran crisis. O crisis tipo la del 2002, que fue por tener una gran concentración de riesgos en un país, en nuestro caso una concentración financiera en la República Argentina”.

“En esos tipos de crisis tenemos más experiencia, pero no en una crisis que afecta al factor humano, al trabajo, que empezó como una crisis de oferta y después por procesos comportamentales de la gente termina siendo también una crisis de demanda. La gente se queda sin trabajo, a la gente le cortan el trabajo y los países según sus espaldas han tenido que aportar alivios tanto a la gente como a las empresas. Uruguay también ensayó algunos en la escala que nosotros tenemos”.

La gran aceleración

Pascale se refiere luego al marco en que se da esta crisis: “debemos tener en cuenta que esta crisis se une a un desarrollo que ya estaba viniendo, que es la Revolución 4.0, en donde en los últimos 10 o 15 años empezaron a aparecer estupendas innovaciones: la inteligencia artificial, el internet de las cosas, el “big data”, el “blockchain”, la genómica avanzada, que ahora se usó por ejemplo para las vacunas de Moderna y Pfizer, la automatización, la robótica. En el momento que estas innovaciones iban creciendo e iban penetrando los países, se produce esta crisis, con lo cual las empresas que no habían ingresado en eso se ven en grandes problemas, y las que habían ingresado, terminan prescindiendo de mucha gente que trabajaba con ellos y se crea un problema de empleo muy grande”.

“Cuando en el proceso en el que iba creciendo la Revolución 4.0 en su penetración en los países, se produce la pandemia, se genera lo que se conoce como la gran aceleración; una aceleración mucho más activa, mucho más potente. Como primer corolario tenemos que los países pobres van a ser más pobres y los países ricos van a ser más ricos; o sea que se va a aumentar la brecha, la divergencia, entre países ricos y países pobres. De hecho, ya está ocurriendo porque en EE. UU. y Europa ya hace tiempo que se está vacunando con Pfizer o Moderna”.

“Es una pandemia, hay 219 países infectados, 111 millones de personas infectadas. Entonces no solo interesa que mejore la situación en un país, porque si no mejora también la situación en los países a los que se le compra y/o se le vende, no se soluciona el problema. Acá no se está solo, no es la crisis de un país, entonces, si un país arregla el problema, pero los demás no, ese país no puede salir adelante”.

Sin embargo, Pascale confía en que estas crisis, con todas sus connotaciones tristes y dramáticas, provoquen un efecto revulsivo, que “los países entiendan que el mundo de hoy se maneja, no con “commodities”, sino con innovaciones permanentes. Entonces, el fomentar la productividad y la innovación debería ser fundamental; debería ser fundamental tener una capacidad de resiliencia muy grande, entendiendo por eso la capacidad para soportar una gran crisis, un gran problema, y salir del problema mejorado, robustecido”.

Una sola salud

Pero marca como premisa la necesidad de tener a nivel mundial una sola salud: “el mundo no va a salir, o va a salir muy débilmente,” si no hay “una sola salud; tenemos que comprender que tenemos que ir a una sola salud: no va a haber salud humana si no hay salud animal y si no hay salud del medio ambiente. Esos tres tipos de salud componen lo que sería una sola salud. Si no hay una sola salud, esto no solo se va a repetir, sino que probablemente se repita peor. No hay que olvidar que esta crisis tiene un origen zoonótico. Entonces, qué importa sacar una vacuna para esto si de repente, mañana salta otra”.

Luego Pascale cita a Dani Rodrik (economista de Harvard) para referirse a que hay crisis que no son anunciadas y otras que es obvio que se van a dar. “Rodrik y muchos más entienden que esta es de las crisis que eran obvias, que se iban a dar, que estaban anunciadas, e incluso hace unos años algunos personajes, como Bill Gates, anunciaron que se iban a dar. Entonces hay que estar muy preparados y probar en una sola salud es muy importante. El super poder de este asunto es la cooperación, entre el gobierno, las empresas y distintos grupos de intereses”.

Pero en materia de cooperación internacional, a juicio de Pascale se requiere efectuar cambios profundos en materia institucional. “A la salida de la Segunda Guerra Mundial se crearon algunas instituciones multilaterales como la Organización Mundial del Comercio, que en aquel momento se llamaba GATT, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, y se hizo el acuerdo de tipos de cambio de Bretton Woods. Quiere decir que el multilateralismo funcionaba muy fuerte, todos esos organismos multilaterales fueron muy importantes para la reconstrucción después de esa catástrofe, pero hoy han perdido un poco de fuerza”.

“Hoy el mundo cambió mucho. El comercio de bienes es muchísimo menor que el comercio de servicios. Hay tecnología de las comunicaciones a velas desplegadas. En este mundo distinto caben dos grandes posibilidades: o se adapta esos organismos multilaterales al nuevo mundo, para lo cual hay que repensarlos, o se crean nuevos organismos pensados para un mundo completamente distinto que el para cual fueron pensados los organismos multilaterales existentes. O sea, ahí tenemos un problema y eso es lo que va a pegar más para que los países pobres sean más pobres y los países ricos sean más ricos, no porque lo quieran, sino por la vía de los hechos”.

“Entonces es una oportunidad dentro de la desgracia para hacer un gran cambio en el modelo productivo, para la adaptación de tecnología, para el adiestramiento del trabajo. Son momentos para los países que puedan, y el mundo en su conjunto, peguen un cambio grande y se vaya hacia un capitalismo de todas las partes interesadas -más allá de remunerar obviamente al empresario por el riesgo que corre, por el trabajo-, en las sociedades contemporáneas me parece que sería una simplificación peligrosa no estar por ejemplo al servicio de los demás, de la sociedad, al servicio de los consumidores, al servicio de los trabajadores. Sin perjuicio de mantener clarísimo la rentabilidad como núcleo central del empresario, deberíamos tener mucho cuidado con eso”.

En su continuo repaso de la opinión de grandes economistas, filósofos y emprendedores, cita al pasar a Milton Hershey (1857-1945, estadounidense oriundo de Pensilvania, confitero de profesión, fundador de la famosa chocolatera Hershey´s y reconocido filántropo) que “hace más de 100 años dijo: es una cuestión de servicio humano. Y Adam Smith, en 1759, en su libro Teoría de los Sentimientos Morales (anterior a La Riqueza de las Naciones) sostuvo: los individuos deben ser sensibles también de su propio interés estando conectados con la sociedad y hasta la felicidad, de una forma que se preserve el negocio”.

Sesgos cognitivos y paradigmas

“Los seres humanos tenemos todos unos problemas que se llaman sesgos heurísticos cognitivos, esto tiene que ver con la economía cognitiva. Y uno de los sesgos que tenemos es el de anclaje, uno se queda anclado en una cosa que creía que estaba bien; queda anclado por ejemplo en Maracaná, cuando el fútbol de repente se juega muy distinto y muchos de nuestros jugadores triunfan en el exterior cuando ingresan a jugar con un nuevo paradigma”, explica.

Tiene la impresión personal que este “momento desgraciado, es también un gran momento para pegar un giro hacia una economía mucho más basada en el conocimiento, en la innovación, en la productividad, y no basada en las cantidades, no basada en los “commodities”, no basada en una tecnología de baja o media intensidad”.

“De lo contrario -dice con énfasis-, simplemente va a ser una cuestión de tiempo para tener un escenario, grosso modo, parecido al que tenemos desde hace años”.

En ese escenario para Pascale el papel de la ciencia debe ser esencial, y eso implica un cambio sustancial del relacionamiento del mundo académico y científico, con otros sectores de nuestra sociedad y en especial con el poder político y con las empresas.

“Uno de los problemas que ha tenido Uruguay históricamente ha sido que la ciencia estuvo separada de la producción, cosa que en EE. UU. es al revés, las Universidades están muy cercas de las empresas”.

“Recién en experiencias como la del GACH vemos un acercamiento de la ciencia al poder político. Entonces, lo que tenemos que transformar es la ciencia básica en ciencia aplicada para hacer productos, o bienes y servicios que tengan un valor único”.

“Sin perjuicio por supuesto de todo el sector informático, que ha funcionado muy bien, yo el sector más fuerte que veo es el sector de la biotecnología, y todos los sectores de cierta tecnología, como puede ser también el de audiovisuales. Eso no quiere decir dejar de lado los recursos naturales, todo lo contrario, el campo existe, el campo es para nosotros una fuente fundamental, pero lo que tenemos que unirle al campo es toda la ciencia posible”.

“Entonces lo que hoy se hace de una forma, se puede hacer mejor, mucho más redituable para el productor y mucho más redituable en su conjunto para el país, y vamos a crecer. O sea, solamente vamos a crecer si se une la ciencia a la producción. Y esto arranca por supuesto en la educación, en una educación muy dirigida hacia un país que tiene muy claro hacia dónde va”.

“En Finlandia, por ejemplo, no se enseña cualquier cosa. Se enseñanza -además de las cosas habituales, como matemática- hacia dónde va el país, y así se están formando ciudadanos para un país que tiene un norte muy claro”.

Ciencia, empresas y Estado

“Solamente si se une la ciencia y se transforma ese conocimiento en productos y servicios que sean únicos de Uruguay, como la “startup” dLocal (plataforma de pago), que es un unicornio (compañía valuada en más de US$ 1.000 millones); ese valor se pudo crear por una combinación de ciencia y capacidad de hacer un producto, ahí está el secreto de la cosa, así creció EE.UU., así creció Japón, así creció Alemania, y así China va a crecer más todavía. Son países que tienen muy claro que el camino va por la unión de la ciencia aplicada (tiene que haber ciencia básica primero, obviamente, y después aplicada) y empresarios; tiene que haber un desarrollo empresarial dispuesto a aplicar conocimiento científico, y un estado que contribuya a ese tipo de emprendimiento también, que en alguna medida los apoye”.

Pascale cree que Uruguay es uno de los pocos países de América Latina que podría generar ese cambio, porque “tiene algunos activos que no los tiene ningún otro país de América Latina: primero estamos entre las democracias plenas del mundo, donde no están ni EE.UU. ni la mayor parte de los países europeos; somos el país de menos corrupción de América Latina y en el mundo también de los de menos corrupción; somos un país confiable, hemos creado una confianza que viene de muchas generaciones, a la que todos hemos contribuido de alguna forma, a Uruguay se le pide un dato y el dato que Uruguay da, podrá estar equivocado por un problema técnico en el cálculo, pero no por una intencionalidad en dar un dato no cierto. Y esa es una cosa muy rara de encontrar; y es un país además que tiene la mejor distribución del ingreso de América Latina y tiene una tasa de mortalidad infantil muy baja. Tenemos un conjunto de indicadores muy importantes, que hace que sea el único país de América Latina que está en condiciones de pegar el salto. No es que nadie quiera hacerlo, sino que la tiranía del corto plazo lleva, de repente, a no poder atender estas cosas”.

“Por supuesto que estos saltos no se dan en diez minutos, pero tampoco tardan quinientos años. Finlandia lo dio en menos de quince años; salió de ser una economía prácticamente pastoril a ser una economía de alta eficiencia”, destacó.

Dos grandes agrupamientos

A nivel mundial y tras la finalización de la era Trump, Pascale visualiza la conformación de un gran agrupamiento entre Estados Unidos y Europa, al que probablemente también se integre Japón, “para poder enfrentar a China que es la potencia rutilante” en la actualidad.

Pascale estuvo en China poco antes de que se declarara la pandemia, y compara la presente situación de ese país con la que vio cuando realizó su primera visita, en el primer gobierno del Presidente Julio María Sanguinetti, en momentos en que se establecieron las relaciones diplomáticas Uruguay-China, y aunque pasaron solo poco más de 30 años, las diferencias son extraordinarias.

“Es muy difícil competir con ellos porque tienen una capacidad de trabajo, una sensación de largo plazo, una mirada de futuro que no hay en estos otros países; el futuro no existe en estos países como análisis rutinario; el corto plazo se fagocita todo el debate. En realidad, estos países me hacen acordar, si fueran un hospital, a la sala de emergencia, un hospital que solo fuera la sala de emergencia, que no fuera un hospital que investigara, que hiciera grandes cirugías cardiovasculares o de neurocirugía”.

Dice que ve muy claramente a Estados Unidos “intentando volver al lugar que tenía antes de la Presidencia del señor Trump”, generando un “agrupamiento con Europa y Japón quizás, para anteponerse a China”, pero para eso Estados Unidos tiene que superar los “problemas internos tan marcados” que tiene y que ha generado una grieta entre partidos y dentro del propio Partido Republicano. “Es muy bravo, muy difícil, que un país pueda ser líder cuando tiene problemas internos tan marcados”.

“En todo caso creo que va a haber un mayor entendimiento, o si se quiere más integración, o si se quiere más relaciones comerciales entre Europa, Estados Unidos y Japón, como un gran bloque, y China por otro lado, ya que por sí solo hoy patenta mucho más que EE. UU., en materia de invención e innovación. Sería un error grave quedarnos en la China que hacía juguetitos, que los sigue haciendo, no tiene problema en hacerlos, pero que hoy ya está jugando en una liga tecnológica mayor, imponente”.

Sin embargo, para el resto de los países no visualiza la posibilidad de concretar otros agrupamientos y en particular, no lo cree posible para América Latina. “No quiere decir que no haya más acercamiento, pero no como agrupamientos, porque además hay diferencias ideológicas muy marcadas”, afirmó.

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