Se puede ser liberal y comprometido socialmente

Ricardo J. Lombardo

Algunos creen que el mundo se divide entre los liberales y los comprometidos socialmente.

Se trata de una equivocada simplificación ideológica.

Quizás la confusión derive de lo que algunos describen como neoliberalismo.

Los seguidores de las líneas de pensamiento emergidas de la Escuela de Chicago, piensan que las políticas macroeconómicas son solo tres: la fiscal, monetaria y cambiaria. Y creen que la distribución del ingreso no debería incluirse dentro de las preocupaciones de los que conducen la economía.

El propio Hayek, uno de los inspiradores de esa línea ideológica, sostenía que la justicia social era un espejismo por lo cual era un error tratar de cazarlo. Concebía el mercado como una especie de juego de intercambios que denominaba catalaxia, que carecía de cualquier tipo de valores o interpretaciones de lo que estaba bien o mal, pero era el que había que respetar pues se trataba del mejor mecanismo de asignar recursos.

Pero existe otra línea del pensamiento liberal, que tiene sus orígenes en autores como John Stuart Mill, que establece que para ser libre y participar de los intercambios del mercado, el ser humano debe tener resueltos mínimamente sus problemas económicos y la sociedad debe realizar un esfuerzo colectivo destinado a apoyar a los que no alcanzan el umbral necesario para poder aprovechar con dignidad las oportunidades y convertirse en seres competitivos y autosostenibles. No pagarles para ser pobres y dependientes del favor oficial como ocurre en Uruguay, sino ayudarlos a ser libres.

Así que esa simplificación de los extremos entre estatistas y neoliberales, que parece ganar la discusión ideológica rioplatense y también latinoamericana, es una forma falaz de encarar el asunto, que beneficia a los extremos, la intolerancia, las grietas y desafía la convivencia pacífica.

Existe un camino para ser libre y comprometido socialmente.

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