Según pasan los años

Ricardo J. Lombardo

Cuando era adolescente me apasionaban las historias de la segunda guerra mundial.

No tanto por la parte bélica, sino por las conductas políticas de sus protagonistas.

Admiré cómo Churchill, por más que en su momento muchos lo consideraban rocambolesco y excéntrico, supo convencer a los ingleses y después a los norteamericanos que debían enfrentar a Hitler pues estaba en juego la democracia del mundo.

Me debatí entre las posturas dramáticas de De Gaulle y Petain, uno encarnando la resistencia francesa y el otro, héroe militar de la primera guerra mundial, tratando de pactar con los nazis para evitar la destrucción de Francia.

Quise entender cómo los italianos pudieron caer en la locura fascista de Mussolini, para hacer el ridículo de tratar de replicar el Imperio Romano al invadir Abisinia.

Intenté comprender las razones profundas de por qué los alemanes fueron capaces de engendrar un monstruo como el Tercer Reich.

O el drama de Stalin cuando se encerró por unos días en la dacha al conocer que Hitler había traicionado el pacto de no agresión firmado entre Von Ribbentrop  y Molotov, los ministros de relaciones exteriores de ambos regímenes.

Y muchas cosas de ese tipo, como la toma de París, que aún tengo vívidas en mi memoria.

Por más que tengo intacto su recuerdo, me alarma cómo las nuevas (y las no tan nuevas) generaciones, no tienen la menor idea de lo que pasó.

Y ahí advierto que mi pasión por estos temas surgió hace más de 50 años, cuando los hechos tenían apenas 20 años de ocurridos.

Tantas cosas han pasado desde entonces que el disco duro de nuestra memoria se ha llenado de datos y reflexiones muy diferentes y más actualizadas.

Según los informáticos, en los últimos dos años, la humanidad generó tanta información como en el resto de su existencia.

Por eso me llama tanto la atención la gente que sigue con los ojos en la nunca, planteándose los dilemas de hace 50 años atrás, como si su mente hubiera quedado congelada en aquellas estructuras mentales.

No advierten todo lo que ha cambiado el mundo y los impresionantes desafíos que tenemos por delante ya que nuestra civilización amenaza acelerarse en progresión geométrica, por más pandemias que surjan.

Yo, si hace 50 años descubría un libro que me permitiera entender los entretelones políticos de la segunda guerra mundial, o aún de la guerra civil española, no podía resistir la tentación de comprarlo y pasarme una noche sin dormir para leerlo.

Hoy, lo dejo pasar.

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