Semana de emociones

Fátima Barrutta

Fue una semana de emociones fuertes.

Algunas tuvieron que ver con nuestras mejores raíces.

Tal fue el caso de la celebración de los 150 años del nacimiento de José Enrique Rodó y los 100 años de Adela Reta.

¡Vaya si da para emocionarse!

Las mujeres que hoy dedicamos nuestra vida a la actividad política tenemos en Adela más que una referente: un faro.

Con profunda emoción, recibimos la noticia de que es la primera mujer cuyo retrato engalanará al Palacio Legislativo. El gran artista Osvaldo Leite, que realiza hermosos óleos de los legisladores más consagrados de todos los tiempos, acaba de entregar a la vicepresidente de la República el retrato de Adela Reta, maravillosa pionera de las mujeres políticas, referente ineludible como docente universitaria, presidente del Consejo del Niño y del Sodre, y Ministra de Educación y Cultura del primer gobierno del Dr. Julio María Sanguinetti.

Qué decir de José Enrique Rodó, otro faro excepcional que guía no solo a nuestro Partido Colorado sino al país y al mundo.

Ambas personalidades tienen mucho en común. Pero hay un valor que los une indisolublemente. Un concepto grande, cargado de significación: el humanismo.

Ese sentimiento de amor por el ser humano y compromiso inquebrantable en la búsqueda de la libertad y la justicia social.

El ejemplo de estos dos grandes de nuestro Partido y del país viene a cuento esta semana más que nunca, no solo por sus efemérides, sino porque con sus vidas y obras respaldan un gran acontecimiento internacional acontecidos en estos días: las manifestaciones populares en Cuba contra la dictadura que asola a ese sufrido país desde hace más de seis décadas.

Es un pueblo harto de la falta de libertad y la miseria que de ella proviene.

Un pueblo al que le han impuesto el sonsonete de «Patria o muerte» y que responde con un glorioso «Patria y vida».

Un pueblo que, como el nuestro y el de cualquier otro país del planeta, quiere elegir su propio destino y sale a la calle para reclamar esa autodeterminación, desafiando la prepotencia de un régimen opresor, cuyo lamentable dictador no dudó en convocar a sus esbirros a «dar combate», «en defensa de la revolución», esto es, llamó frontalmente a una irresponsable guerra civil, contra unos manifestantes cuyas únicas armas eran las del sonriente y esperanzado deseo de ser libres.

En Uruguay, a algunos se les cayó la careta. Defienden torpemente a una tiranía represora, diciendo que así son solidarios con «el pueblo cubano», cuando la única forma de serlo es precisamente la inversa: apoyándolos a que se liberen de ese sanguinario yugo.

Contra esa posición totalitaria, intolerante, liberticida, nunca mejor aplicada una frase de nuestro admirado José Enrique Rodó: «Los gobiernos que han pretendido sofocar la voz libre de los pueblos, han muerto asfixiados apenas se ha hecho el silencio que apetecían».

Nuestro aplauso al inmortal padre de «Ariel» y nuestro abrazo emocionado al pueblo cubano, en su pacífica y empecinada lucha por la libertad.

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