Ser y parecer caminan juntas

Daniel Manduré

Uno es dueño de administrar sus propios dineros como le plazca, de cuidarlos o despilfarrarlos, de decidir en que gastarlo y como hacerlo. Si no lo administramos bien, si nuestros ingresos son menores a los egresos, nosotros y como mucho nuestro entorno familiar más cercano serán los perjudicados. Estaremos seguramente en un aprieto.

Ahora, cuando administramos los dineros públicos, cuando nos brindan la confianza y nos dan la oportunidad de hacerlo debemos ser muy cuidadosos, porque no son nuestros, es dinero ajeno, de todos los contribuyentes.

Muy a menudo esto parece importar poco, el que administra parece amo y señor de esos dineros y sin el menor pudor y haciendo un mal uso del poder que se le confiere derrocha el dinero de todos nosotros.

A veces hay gastos que en el presupuesto de una nación pueden no mover la aguja pero que pueden brindar -de no gastar bien- una señal errónea, de todo aquel país que se precie de ser serio en el manejo del erario público.

Por aquello de ser y parecer. No pueden ser contradictorios.

Esa frase que acuñó Julio César y de la importancia que le daba la sociedad de la antigua Roma al ser, pero también al parecer y que incluso le costara el divorcio a Pompeya al concurrir a una saturnalia, fiesta común en la aristocracia romana de la época  que enojó mucho a Julio César, hasta llegar a pedirle el divorcio.

La frase ser también parecer ha quedado como un paradigma de la conducta que se debe exigir a los que ocupan cargos de responsabilidad en la sociedad.

Aquí es cuando empieza a jugar su propio partido ese valor fundamental que es la austeridad republicana, más aún en momentos complicados como estos.

No como una pose, no esa austeridad que es necesario mostrar, sino la que se practica en silencio. Esa austeridad del que es y del que también parece.

Esta red social me recordaba hace unos días una propuesta del 2019 de Mujica y su grupo político, sobre propuestas para «mejorar la política y darle transparencia» fue unos meses antes de la elección y después de haber gobernado con mayoria absoluta.

Muy poco creíble.

Escuché una frase por allí interesante: Mujica vivió como decía pero no gobernó como vivió.

Era un despilfarrador serial.

Ni colchones, ni perfumes franceses de free shop, ni compras de aviones a los amigos, ni fiestas millonarias en Ancap pero tampoco engrampadoras eléctricas de lujo ni las milangas sobrevaloradas de algún jerarca.

Ni la larga lista clientelística de Cosse en la IMM  ni de quien se jacta de crear una estructura gigantesca de poder en ASSE.

No podemos criticar una y avalar la otra, sancionar una y defender la otra. Eso nos resta credibilidad y debilita nuestra autoridad para denunciar hechos verdaderamente injustos.

Hay una gran diferencia y eso hay que señalarlo, antes las irregularidades se protegían, se avalaban hasta se acusaba de hacer bullying sobre los directos involucrados… hoy se investiga y se toman medidas y hasta se separa del cargo en forma inmediata.

Una gran diferencia.

Pero hay que tener cuidado, no se pueden cometer errores.

Siempre estará quien busque demonizar al gobierno, incluso con mentiras. No hay que brindar razones que justifiquen éstas denuncias.

El político debe cuidar la imagen, para que sea un espejo en el que el ciudadano se pueda mirar. Que transmita confianza.

Si se mira en el espejo y no se reconoce estará en un verdadero aprieto.

Ser y parecer dos caras pero de una misma moneda.

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