Simplemente Rodó

Daniel Manduré

Ha sido muy acertada la decisión de denominar la nueva edición del Día del Patrimonio en honor a José Enrique Rodó, al cumplirse 150 años de su nacimiento y bajo el lema «las ideas cambian el mundo».

Fue notoria su influencia en un momento muy especial del país, del continente americano y del mundo, con una generación del 900 que comenzaba a brillar. José Enrique Rodó, Horacio Quiroga, Florencio Sanchez, María E. Vaz Ferreira, Emilio Frugoni, Delmira Agustini, Carlos Vaz Ferreira, eran solo algunos de los nombres  en una creación intelectual formidable a traves de la novela, poesía, ensayos, filosofía y que se desarrolló en un contexto histórico nacional de fuertes transformaciones sociales. Un país envuelto en una constante ola migratoria, con la enorme presencia de Batlle con leyes que movían hasta las raíces de los árboles, con una clase media floreciente, con la primera mujer con un título universitario, con la aprobación de la ley de divorcio, con sindicatos que hacían sus primeras armas y la presencia anarquista.

Los bares, los cafés de la época eran los centros de reunión donde se los podía ver, intercambiar ideas, debatir y discutir.

Esos grandes provocadores que retaban a pensar.

Polo Bamba, Café Moka, Tupí Nambá, Café Sarandí, esas mesas que reunían a individuos de creencias e ideologías diferentes. Lugares de inspiración de poetas y escritores.

Esos espacios de libertad, respeto, paz… aún en tiempos de guerra.

En éste Uruguay, en ésta sociedad y en ésta generación vivió Rodó, periodista, escritor, ensayista, filósofo, critico literario, político.

Entre sus obras, Ariel, Mirador de Próspero, Motivos de Proteo, Liberalismo y Jacobinismo.

Rodó era un idealista, comprometido con la realidad nacional y de América, que incursionó en varias áreas y en todas se destacó.

Se ha discutido mucho sobre su participación en política y de su relación con Batlle. Rodó y Batlle discreparon varias veces y algunas con dureza. Con temperamentos, personalidades y formación diferente pero ambos con la vehemencia de pocos, al momento de defender sus ideas. Rodo fue tres veces diputado colorado, que se enfrentó a Batlle primero por la ley que hizo retirar los crucifijos de los hospitales y luego por ser contrario al sistema colegialista que tanto defendía Batlle, pero al que votó con convicción dos veces, en 1903 y en 1911.

Rodó era un humanista y con la sensibilidad social suficiente como para ser miembro informante de la ley de 8 horas y también de la que daba creación a los liceos departamentales.

Esos enfrentamientos quedarán en el anecdotario, de un momento verdaderamente fermental del Partido Colorado, un partido no acostumbrado a las unanimidades y que se enriquecía en las diferencias.

Ese era Rodó, un idealista, un librepensador, con una obra que trasciende generaciones y fronteras.

Ese era el…simplememente Rodó.

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