Simulador de democracia

Fátima Barrutta

Si de algo sirvió la cansadora y bochornosa interpelación a que debió someterse la ministra de Economía y Finanzas Azucena Arbeleche el pasado miércoles 19, no fue para arrojar el más mínimo manto de duda sobre su gestión y la del director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, nuestro correligionario Isaac Alfie. Al contrario: lo que consiguió con creces fue poner de manifiesto el bajísimo nivel argumental de la oposición y su actitud impermeable a todo razonamiento.

El motivo del llamado a sala cayó por su propio peso (si no antes de que se hiciera efectivo, debido a las sinrazones expresadas por sus promotores), apenas la ministra explicó que el mecanismo de exoneraciones al que habilita la Ley de Inversiones se resuelve ingresando a un simple simulador en línea, donde se cargan las inversiones a realizar y se calculan automáticamente las exoneraciones a recibir. Toda la monserga desplegada por el diputado interpelante y sus compañeros de bancada pierde con ese dato cualquier base de sustentación: la exoneración es una prerrogativa legal a la que tiene derecho cualquier empresario, sin importar si ocupa un cargo de gobierno.

No haberla otorgado hubiera sido, en cambio, un acto de arbitrariedad contrario a derecho.

Esto la oposición ya lo sabía de sobra, por eso la interpelación fue tan discutida previamente en su interna, en un diálogo de sordos en el que terminó imponiéndose el diletantismo jurídico del diputado Gonzalo Civila, representante de un Partido Socialista que hoy traiciona la noble tradición de Emilio Frugoni y se entrevera con el chavismo militante del Partido Comunista.

Y esto también explica la pésima calidad de las exposiciones de los legisladores frenteamplistas que insistían una y otra vez en buscar corrupción donde no la hubo ni la habrá.

A los ejemplos sencillos y contundentes aportados entre otros por el diputado Ope Pasquet (como si un intendente no pudiera acogerse al beneficio de la exoneración del pago de patente de rodados, o no se permitiera al ministro de Salud Pública ser vacunado gratuitamente), podríamos agregar infinitos más: ¿acaso por ocupar un cargo público, un empresario debiera ser relegado del derecho a descontar el IVA de sus compras? Esta situación es exactamente igual y solo una oposición carente de ideas y desalentada por la positiva imagen del gobierno, puede recurrir a estos fuegos artificiales humedecidos, que ni siquiera explotan.

Un momento particularmente penoso de la interpelación fue cuando distintos diputados opositores se enfrascaron en criticar a la ministra porque el expediente de la exoneración, que no les fue concedido a ellos porque tal otorgamiento sería ilegal, supuestamente había estado al alcance del diputado nacionalista Álvaro Viviano.  En dos oportunidades, Viviano tuvo que aclarar que solo se había expresado mal, que no había sido tal expediente el que había analizado, sino la normativa legal. Y la ministra por sí misma, visiblemente ofuscada a pesar de su talante siempre firme y sereno, tuvo que recordar por enésima vez que difundir un expediente sometido a secreto tributario sería un acto ilícito.

Pero esa aclaración reiterada también cayó en saco roto y el  diputado comunista Gerardo Núñez insistió en la pretendida conspiración para dramatizar sobre un hecho absolutamente irrelevante. Ese fue todo un símbolo, no solo de la inanidad de la interpelación en sí misma, sino de toda esta conducta opositora de agarrarse de cualquier cable pelado con tal de pegarle al gobierno.

El tiro les salió por la culata: las brillantes exposiciones de la ministra, sumadas a las reveladoras aclaraciones y ampliaciones de sus asesores, no lograron otra cosa que fortalecer la conducta del gobierno y echar aún más luz sobre el despiste de estos diletantes díscolos.

Si llevó doce horas explicarles cómo funciona un Estado de derecho, esperamos que no repitan estos golpes a la piñata con los ojos vendados, para que el tiempo del parlamento se destine a lo que hace verdadera falta: legislar para superar la emergencia sanitaria del presente y restablecer la prosperidad del país del futuro.         

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