Sobre exoneraciones, milanesas y marchas atrás

Fátima Barrutta

El supuesto escándalo que se intentó armar en torno a un trámite de exoneración de impuestos realizado por Isaac Alfie para su empresa, cuando aún no era funcionario del gobierno, duró lo que un lirio. La verdad es que nuestro querido y admirado Lito estaba en todo su derecho de gestionar esa exoneración, así como la ministra de Economía Azucena Arbeleche no tenía otra opción que avalarla. Porque se trata de un trámite meramente administrativo que comprende a cualquier empresa del país, por lo tanto no implica ningún tipo de favoritismo. Juzgarlo negativamente, es más o menos lo mismo que reclamarle a la empresa de cualquier integrante del gobierno que no descuente el IVA de sus compras todos los meses, que es un derecho que tiene naturalmente todo empresario, forme parte del gobierno o no.
Sin embargo, Alfie tuvo la santa paciencia de renunciar al beneficio, aunque le correspondiera inexcusablemente. El Frente Amplio da palos porque bogas y palos porque no bogas: cuando se produjo esa marcha atrás (aun siendo innecesaria jurídicamente), igual reclamó la renuncia del director de la OPP y ¡hasta de la ministra! Ni muerto el perro acaban la rabia…
Cuando ellos fueron gobierno no usaron el mismo rigor: apenas asumió Vázquez en el año 2005, hizo despedir de un servicio de Salud Pública a quien era casualmente su competidor en el negocio de la radiología. Siendo legislador, Gonzalo Fernández propuso una ley que beneficiaría incluso a un banquero cliente de su propio estudio jurídico. Y la lista podría seguir…
Hubo un par de pequeños escandaletes más que el FA ha estado utilizando para dañar en lo que pueda la buena imagen de la coalición republicana.
Las famosas milanesas de 30 mil pesos, que el canciller resolvió pagar de su bolsillo, o la separación del cargo de un cabildante que profirió toda clase de disparates en una conversación privada.
En todos los casos, el gobierno ha demostrado que tiene la marcha atrás muy rápida cuando se trata de denuncias que, ciertas o equivocadas, puedan comprometer su imagen de transparencia.
Pero vean qué graciosa (por decir lo menos) es la reacción de un alto dirigente frenteamplista ante estos correctivos. El senador Mario Bergara ha publicado hoy una serie de tuits donde dice que «el gobierno da marcha atrás cada vez que hay una reacción pública por la inconveniencia de sus políticas o por escándalos que hacen a la ética y a la transparencia. Ya hay múltiples ejemplos. Y se nos quiere mostrar como un mérito. Pero si eso se da de manera tan reiterada, ¿no será que las medidas son equivocadas a priori? ¿No será que el gobierno tiene que dar tantas marcha atrás porque entra muy a menudo a contramano?»
Bienvenidos al reino del revés: corregir una medida que no es bien recibida por la opinión pública, según la lógica frenteamplista, ¡no es un mérito!
Será por eso que demoraron dos años en pedir la renuncia a un vicepresidente que utilizaba los recursos del Estado para comprarse colchones y ropa interior. Será por eso que dejaron una larga hilera de bombas de tiempo al nuevo gobierno, que estamos teniendo que desactivar una por una (Pluna, Aratirí, Katoen Natie, ahora un juicio al Estado del inefable sindicato del Inau…). Será por eso que echaron de la educación pública a profesionales inteligentes como Fernando Filgueira y Juan Pedro Mir, pero mantuvieron intocables, hasta el final del período, a otros que lo único que lograron fue acentuar la inequidad y la exclusión de los más vulnerables. Será por eso que insistieron durante dos períodos de gobierno enteros con un Ministro del Interior ineficiente, bajo cuyo mandato todos los delitos crecieron en proporciones asombrosas y vergonzantes.
Menos mal que el actual gobierno da marcha atrás, cuando así lo demanda la realidad política, social o económica, adaptándose en todo lo necesario para ejercer inteligentemente el rol de buen administrador.
Por fin terminamos con la era de la soberbia y el uso discrecional del poder.
Este es el cambio cultural que votamos en 2019 el 60% de los uruguayos. ¡Acá lo tenemos!

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