Tiempos de resurrección…

¡pero de eutanasia..!

Lorenzo Aguirre

El Parlamento español aprobó con votos de la izquierda, y centro, de partidos regionalistas – pese a la oposición del “Partido Popular”, y “Vox”-, la ley que despenaliza la eutanasia. De esta forma, España se convierte en el cuarto país de Europa – conjuntamente con Holanda, Bélgica, y Luxemburgo -, legalizándola, al ser aprobada por 202 votos, contra 141, en el Congreso de los Diputados, y entrará en vigor como ley, en tres meses. La Asociación de Abogados Cristianos protestó al respecto, y la Iglesia Católica la rechazó, mientras sectores médicos, manifestaron: “salvar a toda costa a un paciente, está en nuestro ADN”. Asimismo, la Conferencia Episcopal Española, declaró: “la eutanasia, es siempre una forma de homicidio, pues un hombre da muerte a otro”.

Algunos partidos de derecha latinoamericanos, y parte de argentinos peronistas católicos fustigaron dicha resolución, la cual es considerada de igual manera que la formación política de ultraderecha española “Vox” – quien recurrirá la ley ante el Tribunal Constitucional -, un vergonzoso acto de abandono social, encubriendo la negación a la asistencia sanitaria.

Un sector de “progresistas” uruguayos pretendió en un momento llevar a cabo una “marcha solidaria”- ¿el recalcitrante comunismo fascista, no pide “cuarentena obligatoria”? – en apoyo a la izquierda peronista, al considerar la ley española de referencia – implantada por el actual gobierno de ultraizquierda -, un atentado a la vida.

A decir verdad… ¡delirante!

El 3 de abril de 2009, el entonces presidente uruguayo Tabaré Vázquez –  Frente Amplio -, firmó la Ley Nº 18.473, “Voluntad Anticipada”, la cual se incorpora a nuestro ordenamiento jurídico.

La misma, consta de doce artículos, y reconoce a las personas mayores de edad el derecho a manifestar su voluntad de oponerse a la aplicación de tratamientos que prolonguen su vida.

¿Está, claro?

Entre la razón y el corazón

Quizá, en alguna medida, la atención no correspondería totalmente centrarse en la misma eutanasia, sino en realidad, estar presente en momentos tan duros, abrazando a nuestro ser querido, en el instante justo.

En tiempos que nos toca vivir, los matices alrededor a la eutanasia, son variados, y podríamos señalar la existencia de cuatro escenarios respecto a las decisiones para un final de vida. A modo de ejemplo podemos citar, “eutanasia”, “limitación del esfuerzo terapéutico”, “rechazo de tratamiento”, “sedación paliativa”, entre otros, y de todos ellos, solo el primero es considerado carente de acuerdo ético, pues los demás, en cierta forma no configuran eutanasia.

La dignidad del ser humano está entrelazada a la vida de la persona, a la igualdad de todos los seres, independientemente de sus condiciones concretas, y sería oportuno complementar que, la vida, supuestamente, es digna, no siendo así los estados en los cuales viven muchas personas, sus decisiones, y comportamientos.

El derecho principal es vivir, pero cuando la existencia se ve afectada por enfermedades, donde la salida es irreversible y todo depende de conexiones a máquinas, es momento de preguntarse si estamos protegiendo la vida, o prolongando la agonía en un camino hacia la muerte.

Quizá, el reconocer a una persona la posibilidad de definir qué hacer, es respetar su humanidad, la libertad, y finalmente comprender, aunque sea en alguna medida, el significado de una vida digna, no transitando caminos donde esté ausente la misericordia, por solo tener apego al cuerpo físico.

La compasión debe ser la energía vital para que la verdadera vida tenga sentido, no llegando a una transición en soledad, y el verdadero doctor tendría que estar preparado no únicamente para curar, sino para que, la muerte, llegue de una forma menos sufrida, e indigna.

En el Código de Ética Médico de Uruguay, se establece que, la eutanasia activa, el matar intencionalmente, es contraria a la ética de la profesión, y en el caso de muerte encefálica, el médico no tiene obligación de emplear técnicas, fármacos, o aparatos cuyo uso sirva para prolongar dicho estado.

En enfermos terminales, aliviar el sufrimiento físico, ayudando a la persona a morir dignamente, es adoptar la decisión éticamente apropiada.

En nuestro país, la Ley Nº 18.473, de 3 de abril de 2009 – reglamentada en el año 2014, emplea el término tragicómico “Buen morir”, junto al de “Voluntad Anticipada” – reconoce a las personas mayores de edad el derecho a oponerse a tratamientos, si lo expresan en forma apta, consciente y libre.

Por último, la Ley, habilita al paciente a nombrar un representante – mayor de edad – que vele por el cumplimiento, pero no podrán ser testigos el médico tratante, empleados del médico tratante, o funcionarios de la institución de salud en la cual el titular sea paciente.

Asimismo, la voluntad anticipada puede ser revocada por dicho titular, de forma verbal, o escrita, en cualquier momento, y en todos los casos el médico dejará constancia en la historia clínica.

El prestigioso Dr. Eguren – Consejero Nacional del Colegio Médico, expresidente del “Casmu”-, en una de sus conferencias, se preguntaba: ¿de verdad ese sufrimiento no ha podido ser aliviado aplicando otras medidas sanitarias y sociales que no sean la de provocar la muerte?

¿Qué valor tiene la vida? ¿Vivir en pésimas condiciones, o morir dignamente?

¿Prolongar la vida en agonía y con obstinación terapéutica, es vida?

Por su parte, el destacado Dr.Acquistapace – “área salud ocupacional” en la Asociación Española -, reflexiona: “si bien la obligación profesional es dar asistencia y defender la vida, también es prioritario saber cuándo detenerse, y, esto, lo determina la esperanza, la ciencia, la mente, y el corazón.”

En nuestro país, el cincuenta y ocho por ciento de uruguayos está a favor de una “Ley de Eutanasia”, y varios profesionales de la salud consideraron que, la misma, tiene limitaciones, porque pacientes en estado vegetativo (estado de “coma” prolongado) no se encuentran contemplados.

Si las leyes tienden a expresar las concepciones dominantes en la sociedad, y éstas, se modifican en el tiempo, se hace inevitable y necesario que, los problemas éticos concernientes al fin de la vida humana, ingresen a debate social.

Llegar de forma lúcida al instante de la “última verdad”, quizá nos da una oportunidad para, con humildad, mirarnos internamente, despojarnos de títulos, dinero, propiedades, y así poder lograr paz interior, encontrando el camino hacia la sabiduría, una especie de comunión del Ser Interno con el cósmico, y aceptar con honradez, el desprendimiento.

Cada uno tendrá su propio balance en cuanto a valores; no seremos nosotros que midamos los parámetros, pues, será la vida y la muerte quienes, al momento de la transición coloquen el “alma” en el platillo de la balanza, para, quizá, decidir un “próximo destino”.

Pero, para muchos, al llegar la muerte “al pecador”… ¿importa si en el sarcófago la miel para acompañar al “faraón”, da “inmortalidad en el más allá”?

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