Un cambio cualitativo y el último empujón

Julio María Sanguinetti

Las circunstancias, en aspectos sanitarios medulares, han cambiado para peor. Ello nos exige a todos mayores sacrificios, pero -vacunación mediante- hay luz al final del túnel. Cumpliendo estrictamente con los protocolos y con las ayudas que el gobierno ha dispuesto para los sectores más afectados, lograremos emerger golpeados pero enteros.

La pandemia ha experimentado un cambio cualitativo. Ya venía relajándose la disciplina social y, como consecuencia, aumentando el número de contagios cuando aparece, repentinamente, una nueva cepa, la P1, de origen brasileño, con más capacidad de contagio y virulencia. El panorama ahora, entonces, ya es otro. Hasta se habla de una nueva pandemia, como lo ha hecho la Canciller de Alemania.

Ante esa situación, el Partido Colorado formuló una propuesta que sin duda contribuyó a inspirar el conjunto de medidas que esta semana adoptó el Poder Ejecutivo.

Restituir la contribución solidaria que en los meses de abril y mayo del año pasado se hizo con los sueldos elevados, por ejemplo, fue recogida por el Poder Ejecutivo. Aunque técnicamente pueda considerarse un impuesto, no lo es sustantivamente. Es una contribución solidaria al Fondo Covid.

En una mirada más general, postulábamos una drástica reducción de la movilidad de las personas y eso es lo que se dispuso, comenzando con la educación. No se trata solo de los contagios producidos en ese ámbito sino de todo lo que se moviliza alrededor, con padres o abuelos llevando niños a la escuela y tantos otros desplazamientos y contactos.

Sin duda, muy doloroso es cerrar los free-shops de la frontera, pero se hacía imprescindible no solo porque desde allí proviene la nueva invasión virósica sino porque habiendo cerrado Río Grande del Sur la mayoría de su comercio, se produjo una corriente instantánea hacia nuestras ciudades fronterizas. También lo es con las Termas, que ya se perdieron su zafra anterior (más otoñal que veraniega), pero que por su propio éxito venían movilizando una corriente turística muy amplia.

Todo lo que hace al turismo y el entretenimiento en general, está requiriendo, sin ninguna duda, un tratamiento muy particular. Son los sectores más afectados y que más trabajo ofrecen. Hoteles, salones de fiestas, restaurantes, transportistas varios, espectáculos, configuran un conjunto de servicios muy intensivos en mano de obra. Hay que salvar las empresas para que puedan atravesar el difícil invierno y llegar a la primavera con posibilidades de recuperar su actividad.

En nuestra declaración también señalábamos la necesidad de «acentuar las medidas de protección de los sectores más desposeídos mientras duren las restricciones» y eso se ha recogido en la duplicando la asignación familiar tanto como en la tarjeta de alimentos. De este modo se llega a 500 mil personas, entre las que se cuenta el penoso legado social de los gobiernos del Frente Amplio, configurado por 300 mil compatriotas sin protección social. Por supuesto, nada es suficiente, pero si se añade que se extiende el seguro de enfermedad a todos los trabajadores, más los seguros de desocupación extendidos, se está resguardando lo principal: salud y alimentación.

Mirando el conjunto de la situación, a corto plazo volvemos a fijar la prioridad en la salud; y a mediano, en el empleo.

Se trata del último empujón. Si acompañamos las medidas de restricción; si nos recogemos en nuestras «burbujas» familiares y salimos solo lo absolutamente imprescindible; si mantenemos el distanciamiento social y el uso del tapabocas, podemos imaginar que los contagios vayan bajando. Mientras tanto, se vacuna a un ritmo ya importante y todo hace pensar que para el mes de agosto, aproximadamente, el nivel de inmunidad nos garantice dejar atrás esta pesadilla que ha sido tan inesperadamente larga. Es verdad que hay fatiga en la sociedad, pero ahora ya no es el sacrificio sin horizonte visible, sino -por el contrario- un esfuerzo con el final a la vista. Los dos procesos son imprescindibles y Chile es un buen ejemplo, porque ha vacunado a gran ritmo y ahora ha dispuesto un confinamiento generalizado.

A mediano plazo, el gran desafío es el empleo. Por eso las disposiciones que se han tomado en materia de crédito e impuestos van en la dirección adecuada, pero sin duda necesitarán especial profundización, como señalamos, en algunos sectores particularmente dañados.

En cualquier caso, no podemos olvidar que nuestro país ha manejado el tema con solvencia. Cuesta hablar de éxito en algo tan penoso. Pero no es lo mismo que en Uruguay hayan fallecido 24 personas cada 100 mil habitantes, que 120 como Chile, 123 como Argentina o más de 140 en Brasil. Al fin de cuentas, esto es lo que más importa porque se trata de salvar vidas, de perder las menos posibles y en esa dimensión nuestro país ha sido ejemplar. Por cierto, lloramos a mucha gente, alguna incluso muy destacada, pero -en la mirada global- hemos logrado estar incomparablemente menos mal que nuestros países afines de la región o de Europa.

Repetimos: es el último empujón. Démoslo con convicción.

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