Un presidente de lujo

Fátima Barrutta

No nos referimos hoy a Luis Lacalle Pou.

Hablamos del flamante presidente de la Cámara de Representantes, el diputado Ope Pasquet.

Tuvimos el honor de asistir al acto de asunción de su investidura, el pasado primero de marzo, y volvimos a sentir esa emoción especial que nos embarga a los demócratas, cada vez que asistimos al ritual solemne de un cambio de autoridades, que aquí nunca es un quiebre y siempre es una feliz transición.

Dio gusto escuchar los elogios a Ope de los diputados de todos los partidos y, más aún, seguir el hilo de su brillante discurso.

Primero, porque evocó los orígenes de su vocación política y su compromiso con el Partido Colorado.

Hijo de la escuela pública, Ope concurrió a la Casa del Partido desde muy pequeño, junto a su padre, y manifestó un recuerdo vívido y cargado de emoción del discurso en que un inmenso Amílcar Vasconcellos denunciaba la agresión militar a nuestra institucionalidad, en aquel febrero amargo que además inmortalizó en un libro.

Siempre es bueno recordar a Vasconcellos, así como a Jorge Batlle, que los golpistas metieron preso por haber denunciado sus intenciones.

También la renuncia del vicepresidente  Jorge Sapelli, la esforzada y riesgosa defensa ejercida por Adela Reta de los presos políticos de entonces, la heroica resistencia a los militares golpistas por parte del vicealmirante Juan José Zorrilla.

Todos ellos fueron defensores de la institucionalidad en uno de los períodos más oscuros y peligrosos de la República, y todos ellos fueron  colorados y batllistas.

Han fallecido, pero su prédica y su ejemplo viven en cada uruguayo, insuflándonos ese sentir republicano que ha hecho de la democracia nacional la más firme y de mejor calidad de América Latina.

Julio María Sanguinetti, otro batllista que en aquellos tiempos se la jugó en defensa de la libertad, los evocó con precisión en ese libro imprescindible que es “La agonía de una democracia” (2008).

Ope también tuvo un recuerdo especial para otro gran batllista, quien fuera su mentor en la política activa: el Dr. Enrique Tarigo.

Si tendremos en nuestro Partido ejemplos de dignidad, de esa vocación inquebrantable que tan bien describe Ope, que hace que nuestra vida solo tenga sentido si nos dedicamos al servicio público: “prestarle una atención activa a los asuntos públicos es parte necesaria de una vida completa; porque creo profundamente en la necesidad y el valor de la política para darle orientación y sentido a la vida colectiva”.

Su discurso fue un claro mensaje contra los populistas que menosprecian nuestra actividad, como ese argentino que suele denostar a la “casta política”.

Ope historió la trayectoria indeclinable del Uruguay en defensa de la democracia y la libertad, y nos recordó que podremos discrepar, pero todos debemos encontrarnos en un respeto común e irrestricto por la constitución y las leyes.

Habló de la trascendencia de una gestión austera al frente de la Cámara, así como respetuosa de la experiencia de los funcionarios.

Hizo un saludable hincapié en trabajar para que las leyes estén bien escritas, sin lugar a confusiones o interpretaciones erróneas, lo que resulta fundamental en un mundo cada día más contaminado de ignorancia en el manejo del idioma, y en la invención de lenguas alternativas por parte de grupos de presión que creen que, a través de ellas, forzarán la entronización de sus ideas.

Nuevamente, la razón y la emoción del Batllismo ponen la vara bien alta, en un sistema político que día a día enfrenta nuevos desafíos.

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