Un vulgar, y patotero,

reptando en Casa Rosada

Lorenzo Aguirre

La celebración por los 30 años del Mercosur terminó en un total fracaso, pleno de estridencias, amalgamado por “malas interpretaciones” – el presidente Lacalle Pou, manifestó: “el Mercosur no puede ser un lastre”, pero Alberto Fernández, dijo: “no tengo que soportar que a mi país le llamen lastre” -, un “error”, ¿?, pues el mandatario uruguayo se refería a que, sin flexibilización, el bloque regional – no, Argentina – se convertía en dicha carga. Alberto Fernández, con total desparpajo, está cambiando las reglas de juego, intentando – sin suerte- con matonería, imponer negociaciones, haciendo un ejercicio de gobierno realmente lamentable, proyectando una ideología comunista – fascista – peronista – kirchnerista, pero, por supuesto, con menos “iluminación” que Chávez, y Perón. En la Cumbre del Mercado Común del Sur, Alberto Fernández demostró una vez más, ser patotero, y majadero engendro reptando entre los burgueses zapatos de una inmoral Cristina Fernández. “¿O.K.?”

Una parte del pueblo argentino, particularmente fanatizado, se olvidó del atropello a la Ley, la moral, y la honradez, de la vicepresidente, mujer cuyo curare interior le acelera el paso del tiempo por más que, su cuello, soporte una cargada y abundante “pedrería” tapando la fachada.

Junto a esa pobre decadente señora – lo de “señora”, es solo protocolar – asoma el fantasmagórico rostro del demagogo Fernández, intentando manejar un cambio de rumbo en cuanto a política exterior, buscando reagrupar y potencializar las izquierdas.

Fernández, y sus “nibelungos pibes progresistas” – rejuntados del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), de ideología marxista – leninista, orgullosos del grupo “Montoneros”, personas con causas de corrupción en obras públicas, y gente apoyando al terrorismo de “Hezollah” – pretenden “colaborar” para desmantelar los gobiernos “fascistas”, y llevar adelante la “Reforma del Argentino”, menú de “bienestar, e igualdad terrena”, lejos de drogas capitalistas, con un toque de “poción inocentona de mantra del Nirvana”, apoyados por la fe, esperanza, y bendición del “Santo Padre”, pero sin los seis mil cuatrocientos millones en moneda “yanqui” capitalista que repartiera el chavismo, porque los han engullido.

“Algo para recordar”

Nada más alejado de la famosa película con Cary Grant, y Deborah Kerr, sino algo realista, porque, esto de la integración regional no solamente perdió el rumbo en cuanto a origen, a la esencia del motivo de formación de agrupaciones comerciales – bueno… culturales, “no tiene importancia” – sino que, en búsqueda de acuerdos, bastante poco se conquistó, y más allá de todo, parece un matrimonio religioso… ¡hasta que la muerte los separe!

El tema del Mercosur, entre posturas ideológicas opuestas, y búsqueda por parte de varios países del bloque a una participación en la Alianza del Pacífico, provocó serios desacuerdos, sumados a la destrozada economía argentina que viaja entre políticas proteccionistas, desequilibrios de estructuras que llevan a detener la producción industrial, y desestabilización en la región.

Sería oportuno tener presente los “olvidos” de compatriotas, sobre acontecimientos con “nuestros hermanos”. Por ejemplo: hace apenas cinco años, el Puerto de Montevideo perdió el cincuenta por ciento de trasbordos marítimos – gracias a medidas argentinas -, un veinticinco por ciento menos de contenedores en tránsito, y a todo eso, recibir trabas a las importaciones, afectando nuestros intereses comerciales.

Vale también recordar que, en ese entonces – gobierno del Frente Amplio -, Uruguay exportó a su “hermano compañero progresista”, por valor de casi cuatrocientos cincuenta millones de dólares, pero… claro… ¡importó por más de tres veces y media!, llegando a mil seiscientos millones en moneda norteamericana. Traducido al español: el déficit, en bienes, superó los mil millones. Ergo… cada día los argentinos nos compraron menos, y los uruguayos cada día, les compramos más.

Si continuamos con las desprolijidades en el Mercosur, podemos decir: mientras empresarios británicos expresaban intensión de importar productos frescos uruguayos, la administración Mujica – deslumbrada ante el “virreinato del Río de la Plata”, la afinidad ideológica, o vaya a saber que vírgula – se solidarizó con doña Cristina, impidiendo a todo barco pesquero con bandera de Gran Bretaña, operar en nuestro puerto  – el “atracadero uruguayo”, como le llama el insolente gobierno argentino -, y para redondear el servilismo, la Intendencia capitalina le entregó la “Llave de la Ciudad”.

Flexibilización, y nuevos

 horizontes

A lo largo del Pacífico, desde Chile a México, los países hacen convenios hacia todas partes, a tierras lejanas como Vietnam, Nueva Zelanda, Malasia, etc, en cambio, el Mercosur se mantiene aislado, delirante con la realidad, teniendo en treinta años un solo acuerdo con Israel, y ni siquiera haciendo relaciones equitativas entre los propios miembros del bloque.

Antes de existir el Mercosur, el comercio exterior con Argentina, y Brasil, era de cuarenta y cinco por ciento del intercambio total de bienes del país, mientras, ahora, es alrededor de un veinticuatro porcentual, pero con un aumento poblacional dentro del mercado, de veintisiete millones.

La Unión Europea pide a China equilibrar la relación comercial, reciprocidad, igualdad de oportunidades en el aspecto económico, buscando acuerdos de inversiones. Por otro lado, China y Rusia definen estrategias comunes, más allá de estructurar políticas unificadas en cuanto a Asuntos Exteriores respecto a los Estados Unidos, como asimismo frente a Reino Unido, lo que estaría convirtiéndose – ¡mucha gente, no quiere ver! – en la “Guerra Fría” del siglo XXI, una “remake” de los años sesenta, pero con tecnología de última generación.

El “renovado” posible acontecimiento puede pautar corrientes comerciales internacionales donde los grupos chicos, si no buscan flexibilización y proyección con amplitud de destinos, serían devorados por corporaciones que, poco y nada les importa los países llamados tercermundista, a los cuales, ahora, para edulcorar lo descafeinado, le llaman “emergentes”.

Quizá, Uruguay, debería no alinearse con Brasil, China, ni Estados Unidos, pero podría movilizarse con flexibilidad, mantener distancia, no quedar embretado, buscar multilateralismo, establecer puentes más allá que, probablemente, la tensión administrativa entre ellos en cierta forma descompense al continente, porque los países de América del Sur en gran medida no gozan de garantías –  al final, los precios los imponen los poderosos – que respaldan y dan balance.

Sería prudente impulsar alianzas, no quedarnos en un bloque vetusto, fracasado, sin relevancia geopolítica, y con discusiones internas

Lacalle Pou, tiene que continuar esa diplomacia presidencial, y el Ministerio de Relaciones Exteriores, sugerir, dar su impronta, pero las decisiones finales tomarlas el presidente, aunque al Ministro Francisco Bustillo – designación poco feliz, amigo de Mujica, izquierdistas, y Alberto Fernández -, no le guste.

A fin de cuentas, Cancillería debería gozar un ministro perteneciente al Partido Nacional, o a la coalición, más, contando con figuras de reconocido brillo.

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