Una mirada a los caminos de las reformas educativas

Claudio Rama

Cualquier mirada sobre la reforma de la educación en el Uruguay debe ser vista probablemente como un conjunto de transformaciones puntuales, sucesivas y focalizadas, con sus propios tiempos de madurez y desarrollo, y que finalmente  incorporen dinámicas del funcionamiento educativo con mayor pertinencia, calidad y cobertura. No es una revolución, sino un camino de continuas y sucesivas reformas para alcanzar los cambios necesarios. Es éste un complejo y tenso proceso de reformas, en tanto la educación es altamente diferenciada y con sectores, regiones, niveles o grupos sociales distintos, donde las reformas son más o menos urgentes, más o menos fáciles, más o menos viables, dependiendo de cada actor.  Ello en tanto hay distintas  perspectivas e intereses entre los diversos actores sobre cuáles son los problemas de mayor o menor envergadura. Incluso mientras que para unos hay áreas con problemas, para otros, tales problemas no existen. Así, estamos frente a una diferenciada mirada sobre la educación en el país, con algunos actores menos atentos a los números y realidades, y más marcados por ideologías y políticas, todo lo cual ha retrasado los cambios y con ello incluso ampliando la escala de los problemas educativos. En tal sentido, estamos no sólo frente a un camino de múltiples reformas, sino también a un conjunto de conflictos sucesivos para cada una de esas reformas que se pretenda hacer. Inversamente, la opción es no hacer nada y que todo continúe empeorando.

La primera iniciativa importante de reforma estuvo centrada en la gobernanza educativa, a través de la Ley de Urgente Consideración. Fue la más política, en tanto se centró en la redistribución del poder en la gestión y el gobierno, al reducir el peso de los sindicatos en la gestión de los organismos educativos, aumentar la acción ejecutiva y reforzar el rol del Ministerio de Educación y Cultura en la dirección de la política pública. La LUC tuvo como centro, propender a ordenar el sistema, centralizando la capacidad de gestión y gobierno, aumentando la capacidad de evaluación e información, limitando el corporativismo sindical y propendiendo al rol central del MEC en la supervisión, incluyendo la formulación de un Plan Educativo, la centralización de las reválidas universitarias, un mayor control de la evaluación y en el reconocimiento del nivel universitario de la formación docente.

Esta reforma del poder está sin embargo buscando ser derogada a través del Referéndum Revocatorio actualmente en la Corte Electoral que tiene como función verificar el cumplimiento de las firmas requeridas en la Constitución para convocar a una elección revocatoria o no de la norma.  La discusión en la ocasión en caso de obtenerse las firmas necesarias para convocar al cuerpo electoral será la gran madre de la batalla para bloquear o promover la transformación de la educación.

La segunda reforma, que el gobierno está comenzando a plantear desde la ANEP, refiere a transformar  las estructuras curriculares, y  específicamente de los programas de la educación media superior,  en tanto el bachillerato tiene una tasa de titulación vergonzosa y muy baja comparativamente a escala global y regional. Con esta iniciativa, se plantea una reforma curricular y de contenidos buscando hacer una educación más pertinente y superar la alta tasa de deserción y abandono de la educación media, que se inicia desde los quince años, que es más intensa en los hombres, en los quintiles de menores ingresos y en jóvenes del interior. No es esta sin embargo sólo una reforma curricular, sino que busca impactar en el cuello de botella que limita ampliamente el acceso a la educación superior y la posibilidad de mejores niveles de vida de las personas. La baja titulación de la educación media, también es un problema importante para la educación superior pública y privada: para el CFE, la UDELAR, la UTEC, las instituciones terciarias policial y militar, así como para las universidades e instituciones de educación terciarias privadas, el bajo egreso de bachilleres (más allá de sus niveles de calidad) es uno de sus mayores problemas. También el mercado de trabajo y las empresas, han planteado intensamente que se encare este nudo problemático de la educación.

Pero esta segunda reforma, la curricular y del Bachillerato, al tiempo refiere al problema de  la articulación educativa en el país, y específicamente a la baja  conexión entre la educación media y la educación superior y va al tiempo planteando una tercera reforma educativa en ese camino.  La falta de articulación de la educación es uno de los problemas importantes de la educación en Uruguay, que ha determinado que la educación sea un conjunto de sectores y niveles fragmentadas con disímiles niveles de funcionamiento, autonomía y dinámicas, en tanto se carece de mecanismos integradores y de articulación. Ello deriva en múltiples problemas de deserción estudiantil, descontinuidad de los aprendizajes, contradictoriedad de los procesos y repetición de programas y contenidos enormes costos para las personas y la sociedad. La educación no  se conforma como un sistema articulado y contínuo de caminos que permita fluidez de los tránsitos educativos, sino que priman bloqueos, modelos distintas, dinámicas contradictorias y enfoques curriculares diferenciados, y que finalmente impactan negativamente sobre la equidad, la calidad y la cobertura. Ello fue reconocido pero parcialmente y así durante el periodo de gobierno anterior, se propendió a encarar la construcción de un sistema de educación pero sólo público, y que tampoco se alcanzó. En este periodo se ha planteado la necesidad de conformar un sistema de educación nacional, por encima de sectores, niveles y autonomías, en la LUC, lo cual abre un camino de reformas de articulación de los diversos subsistemas y sectores.

El funcionamiento fragmentado se expresa en fuertes asimetrías y desequilibrios entre lo público y lo privado, entre lo autónomo y lo gubernamental, entre lo universitario y lo terciario, entre otros, en sus niveles de cobertura regional, calidad, gobernanza, estándares, créditos, formas de ingreso y egreso, exigencias docentes y hasta de realizar y ordenar las estadísticas. Se confunde diversidad de ofertas e instituciones, con fraccionamiento y falta de continuidad escolar, con muy distintos niveles de normatividad, funcionamiento, recursos, calidad, evaluación, datos o gobernanza. El sistema educativo en todas parte tiende a ser articulado para permitir brindar un servicio integral a las personas y facilitar la movilidad docente y estudiantil, la continuidad estudiantil, y con ello no sólo reducir deserción y abandono, sino alcanzar mayor calidad, cobertura y equidad.  

Es necesaria una reforma de la articulación que es otro de los problemas de la educación del país que es más feudal que sistémica, como lo sufren quienes quieren pasarse de instituciones, sistemas, niveles, modalidades o programas. La reforma curricular del bachillerato es así una puerta a reformas de la articulación educativa.  

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