Una Mirada Critica de la Educación

Nicolás Martínez

La crisis educativa que enfrenta nuestra sociedad es la mayor pandemia que aqueja a nuestro continente, como así también, uno de los principales desafíos a pensar, debatir y resolver. A modo de seguir discutiendo sobre los problemas educativos, en esta oportunidad, invito al lector a la aventura de aproximarnos a una mirada sociológica de la educación, precisamente desde la sociología de la educación. Para enriquecer este dialogo, es importante abordar el vínculo existente entre sociedad y educación, pensando la educación desde el rol institucional como así también, hacer énfasis en sus procesos, los factores sociales y políticos.

Para este debate traigo a colación la perspectiva sociológica de Xavier Bonal, con la intención de una aproximación a las miradas acerca del papel que juega la educación en función del desarrollo de la igualdad de oportunidades y la transmisión cultural. Xavier Bonal es Licenciado en Ciencias Económicas con un Doctorado en Sociología por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), desempeñándose allí como Profesor de esta en el Departamento de Sociología desde 1992, se destaca por la publicación de diversos libros sobre estas temáticas, como por artículos en revistas nacionales e internacionales, llevando en la actualidad investigaciones sobre el impacto de los procesos de globalización en las políticas y sistemas educativos.

El mencionado autor en su libro “Sociología de la educación. Una aproximación crítica a las corrientes contemporáneas” en uno de sus capítulos desarrolla un profundo abordaje al debate entre educación y empleo, como así también sobre los elementos de la crisis del paradigma funcionalista de la educación. Parte este análisis en los años sesenta, donde se impulsaron cambios significativos en el rol social que desempeña el sistema educativo y en los años posteriores a la segunda guerra mundial, que generó una transformación importante en relación con el cambio de la concepción de este, dejando a un lado la visión de tipo de oferta de educación por una visión de demanda con relación al crecimiento y diversificación de carácter cualitativa.

A partir de la guerra fría, se genera desde un punto de vista político una competencia por la producción, apostando a una gran inversión en recursos humanos en el sistema educativo. Desde un punto de vista ideológico, se legitima la inversión en educación tomando a la misma como terreno prioritario en las políticas sociales desde una visión de un Estado de Bienestar. Esta consolidación de un estado garante de trabajo y oportunidades sustenta su tesis en el sistema educativo como una prestación que garantiza la movilidad social.

Por lo tanto, se produce una profesionalización del saber que tiende a convertir en eficientes a las instituciones sociales, siendo el sistema educativo terreno fértil para la identificación y selección de talentos adecuados para puestos de trabajo calificados sensibles a la demanda y necesarios para el progreso y el bienestar social, con una mirada desde el interés privado hacia la ciencia como motor de progreso de las sociedades con una hegemonía del individualismo positivo.

En este contexto es que la sociología de la educación se constituye como especialidad central de educación funcionalista con dos objetos de estudio principales: la función estratificadora de la educación mediante la relación entre educación y empleo, y la igualdad de oportunidades educativas como factor de la movilidad social. Por lo tanto, la estratificación educativa será un aspecto central respecto a la adquisición de estatus a partir del esfuerzo y el mérito individual.

En el año 1991 A. Hinojal establece tres categorías en referencia al funcionalismo: el tecnoeconómico (en el que se desarrolla la teoría del capital humano), el reformista (en el debate sobre la igualdad de oportunidades) y el crítico (planteamientos neo-marxistas de la educación, entre ellos Bourdieu y Parsons). Parsons, quien toma la idea central de Durkheim de la educación como proceso de adquisición de normas sociales y pautas de comportamiento necesarias para la integración social y equilibrio moral de la sociedad, constituirá la base teórica de la sociología de la educación sobre las premisas del cómo debe funcionar la escuela con la función social de la educación, concediendo a la misma las funciones de socialización y diferenciación.

En el proceso de socialización se aprenden las habilidades necesarias para el futuro ejercicio profesional (orden instrumental) y los valores sociales que garanticen la integración social (orden expresivo). El proceso de diferenciación y selección cumple la función de asignación de posiciones sociales en base al rendimiento del individuo con la distribución de premios, derivados de la distribución desigual de capacidades mediante una socialización consensuada. A partir de la secundaria se rompen los lazos de continuidad con la socialización familiar, accediendo a valore universales con la diferenciación de roles que la sociedad establece para cada sexo. Parsons afirma que el fracaso escolar existe de forma objetiva pero no de forma subjetiva ya que a través de la socialización escolar los alumnos adquieren la motivación e individualidad aceptando las reglas que los conduce al éxito o al fracaso.

El funcionalismo tecnoeconómico, sostiene que los cambios tecnológicos y económicos requieren especialistas y expertos que deben ser formados y seleccionados en un sistema educativo en expansión, cuanta más educación, mayor vocacionalismo. Por lo tanto, es vista la educación como clave del desarrollo económico sostenido, como así también responsable del subdesarrollo.

La teoría del capital humano de Schultz en 1960 desarrolla una formulación teórica que justifica la función tecnológica y económica de la educación y del uso eficiente del recurso humano, legitimando la concepción funcionalista de la educación de la igualdad de oportunidades sobre la que se construirá la oferta y demanda educativa. Esta teoría proporciona una orientación técnica de las pautas de gasto público y privado en educación mediante el principio de la meritocracia bajo el percepto del empirismo metodológico, siendo la educación la explicación del desarrollo económico y la distribución de posiciones sociales.

Uno de los señalamientos hechos al empirismo metodológico es que ignoró la correlación positiva entre el origen social y el éxito escolar, siendo que estos pueden ser resultados no de las aspiraciones personales o del coeficiente intelectual, sino que, como resultado de la transmisión del capital cultural como herencia de estatus, identificando a la privación cultural familiar como la principal causa de desigualdad educativa. Por lo tanto, hay una relación entre las aspiraciones de las clases sociales, produciendo de este modo una reorientación de las políticas contra el fracaso escolar, favoreciendo programas de enseñanza compensatoria aportando estímulos educativos que contribuyan a corregir las carencias culturales familiares.

Otro de los críticos del reformismo educativo es Jencks, con la demostración de la diferenciación de las posiciones educativas y las de los estatus ocupacionales. Según su estudio, las reformas escolares sirven de poco para facilitar la movilidad social ya que las variaciones en los ingresos o los estatus ocupacionales dependen de variables como el origen familiar, considerando a la escuela como una institución marginal para la desigualdad. Por lo tanto, es necesario abandonar la escuela como un instrumento de igualdad social y considerarla como un fin en sí misma.

Boudon en 1983 presenta un estudio que sostiene que el aumento de las tasas de escolarización en sociedades industriales disminuye el porcentaje de clases bajas con las disminuciones de las desigualdades educativas entre clases, señalando también, que el nivel educativo estatus adquirido es más determinante del estatus adquirido cuanto más bajo el origen social, siendo la educación necesaria como oportunidad, pero no determinante para la movilidad social.

A partir de 1970 se da una ruptura con el paradigma funcionalista y de la teoría del capital humano por los primeros síntomas de desempleo de titulados y de sobre educación. Se da el debate de la redefinición de la relación entre educación y empleo y la relación entre educación y salario, con la irrupción de una tesis crítica que afirma que la escuela cumple la función de reproducir las desigualdades sociales ya existentes.

La primer críticas en el debate, se basa en los principios que rigen el funcionamiento del trabajo, en la que el economista Thurow sostiene que las diferencias salariales son explicadas por el propio funcionamiento del mercado de trabajo y no por las capacidades intelectuales ni los años de formación, afirmando que el mercado de trabajo posiciona a los individuos en las distintas escalas de preparación. Bajo esta mirada para el empresario, los años de educación son un indicador de la inversión de tiempo y dinero necesarios para el desempeño de un puesto de trabajo.

La segunda crítica se basa en el cuestionamiento de la existencia de relación entre educación y productividad, donde la educación aumenta la productividad al ser responsable de otorgar capacidades aplicables al proceso de trabajo. Se sostiene una imposibilidad de establecer una relación entre educación y productividad, ya que a partir del siglo XX la educación proporcionará beneficios monetarios mejorando los estatus ocupacionales sin implicar por ello, la reducción de desigualdad sociales, fallando la teoría del capital humano en el sentido de alcanzar la igualdad social y la oportunidad de movilidad social.

Para concluir y sin quitar más de su valioso tiempo al querido lector, es menester señalar, que la presente fue una mera síntesis de insumo conceptual, donde a grandes rasgos se traza un recorrido histórico y crítico hacia la perspectiva funcionalista de la educación, cuestionando a su vez los paradigmas educativos en su contexto socio político y económico. Es muy valioso el desarrollo realizado en cuanto a la función de la escuela como institución paladín de la igualdad de oportunidades, funcional a una economía capitalista, la que, tras un exhaustivo análisis, se saca a la luz las falencias en ese argumento de meritocracia de la educación como único factor de movilidad social, y como ha cambiado esta percepción en el desarrollo de las sociedades a través del estudio de las relaciones entre escolaridad y trabajo y escolaridad y salario. Es una lectura más que necesaria para quienes aspiramos a trazar nuestros caminos de vida en función a la institución educativa con un insumo teórico y científico desde la perspectiva de sociología de la educación.

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