Volver a las raíces

Joaquín Bilat

Hace poco los uruguayos nos vimos sorprendidos tras la noticia de que había encontrado documentos en el Grupo de Artillería N.°5. Dichos documentos muestran actividades de inteligencia y represión de los militares en los años 1972, 1973, 1976 y 1977. Particularmente, me interesa traer al lector un documento incautado por el ejército en el local de Hugo Arteche alias “Gustavo” que reza sobre un tema que el Frente Amplio no ha sabido resolver desde que dejó el gobierno, la autocrítica. Transcribo textual el documento:

“CRÍTICA  es un  análisis valorativo sobre la actuación de un compañero o  grupo, realizado por los mismos u otros compañeros. Si la crítica va dirigido asimismo se le llama autocrítica y suele ser planteada por un compañero así así o por un grupo entero hacia el mismo.

El fin de la crítica y autocrítica es la valoración de hechos ya ocurridos para llegar a una conclusión: a) que todo está bien y lo fijamos como antecedente a utilizar, o b) que está todo parcialmente mal y que lo fijamos como antecedente para no repetir nunca más. O sea que la conclusión va a ser siempre positiva pues no sirve para corregir errores de manera de poder seguir adelante. El único caso en que la autocrítica va a ser negativa, es cuando no nos sirve de nada, es decir cuando a pesar de ella repetimos los mismos errores, lo cual no demuestra que no hemos sabido realizarlo. ES NECESARIO APRENDER A HACER Y A RECIBIR CRÍTICAS.

La crítica y la autocrítica son poderosas herramientas que nos permiten superarnos como militantes y perfeccionar nuestra organización. Pero como toda herramienta debe ser bien empleada pues, de lo contrario, pueden causar más daño que beneficio. Hechas en grupo, permiten superar las contradicciones entre compañeros. El análisis colectivo de las mismas permite localizar las actitudes o conceptos erróneos que las originan.

Una vez encontradas las fallas es posible eliminarlas, si se tiene honestamente la voluntad de hacerlo. En el planteo de las críticas se debe actuar con serenidad y reflexión, analizar objetivamente las actitudes o ideas a criticar, eliminando toda motivación personal o subjetiva.

No plantearles bajo un estado de alteración emocional; una crítica no debe ser nunca una reacción impensada ante determinadas actitudes, sino una elaboración consiente sobre las mismas.

Al hacer una crítica a un compañero se debe tener en cuenta que lo que se busca es la corrección de un error, nunca el bochorno o la destrucción moral del criticado.

Por otra parte, si tenemos suficiente fundamentos, no debemos sentir temor de hacer una crítica, sea quien sea el compañero aquí en la dirigimos; si ella se hace bien, no quiebra la unidad ni la camaradería, sino que al contrario, ellos salen fortalecidos.

Nuestra formación burguesa nos induce a ocultar los defectos pues en  la sociedad capitalista es necesario aparentar ser perfecto, cultivar una fachada impecable para “tener éxito”.

Se ven, por ejemplo, compañeros indolentes que procuran aparentar gran actividad; algunos, cuando fracasan en un trabajo, procuran que aparezca otro como culpable, o procuran ocultar de cualquier forma sus errores, rechazando toda crítica que se les haga. Debemos llevar una lucha constante para erradicar tales deformaciones.

No debemos sentir temor que nuestros errores se ventilen públicamente o de ventilarlos nosotros mismos, siempre que demostremos un necesario esfuerzo por superarlos. Tiene más valor un compañero que se esfuerza en superar sus errores, que otro que aparenta no tenernos.

Al recibir una crítica, debemos eliminar el amor propio y tener la suficiente humildad como para reconocer los errores que objetivamente se nos hacen ver, vengan de donde vengan. Debemos ponernos en un plano imparcial tal, que nos permita ver en nosotros mismos los errores como si fueran en otro.

Hay compañeros que, al ser criticados, reaccionan como si se los estuviera ofendiendo, en vez de pensar en las razones de los que la hacen; solamente se empeñan en buscar argumentos para destruirla. No pretendemos que no existan las discusiones cuando se plantean las críticas, sino que cuando las haya, sean llevadas en una forma objetiva, de modo que los errores queden a la luz para ser corregidos.

Ahora bien, el reconocimiento de errores, o sea la autocrítica para la Orga no se da más que para cuando el compañero rectifica su conducta en los hechos. Es decir que la Orga no le confiera tanta importancia el reconocimiento verbal, que en muchos casos ha demostrado no ser sincero ni seguido de verdadera rectificación de conducta, si no que para ella aquí también “la práctica es el criterio de la verdad “.

La autocrítica se facilita cuando el militante tupa ha hecho cabal conciencia de otro principio de la Orga que creer que la cabeza colectiva piensa siempre mejor que la individual. Este principio que tanto se aplica para la elaboración del plan para su acción, sirve también para la rectificación de conductas individuales.

Si el militante cree verdaderamente en el principio de la elaboración colectiva (para decirlo con el aforismo vietnamita “cuatro tontos piensan mejor que un sabio”) aunque crea que su conducta anterior ha estado bien acatará sin violencia la crítica del grupo, porque creerá sinceramente que el grupo pueda pensar mejor que él. SE DEBE BUSCAR EL MOMENTO ADECUADO PARA HACER LAS CRÍTICAS.

Un compañero no debe aceptar jamás las críticas que se le plantean fuera de ellos, como son las que tengan como objetivo a otros compañeros como organismos del movimiento. La gente que evita los cauces normales de funcionamiento para hacer una crítica, puede tener sólo dos motivaciones: la calumnia o el fraccionalismo.

Si un compañero nos viene a plantear que otro compañero tiene tal o cual defecto o tuvo determinada actitud censurable y lo que nos corresponde es exigirle al compañero que haga el planteo nuestro organismo de funcionamiento, donde, si es posible debe estar también en compañero criticado. Si esto no se hace, lo más probable que estemos siendo cómplices de una calumnia.

Si la crítica viene de un compañero que es un cuadro superior a nosotros, debemos exigirle de inmediato llevarla una reunión donde estén los compañeros envueltos en ello. Si nosotros no podemos asistir a esa reunión, se nos debe dar un informe incuestionable sobre los resultados de la crítica.

Si no se cumple con estas prácticas, podemos estar ante maniobras fraccionalistas. No olvidemos que, en un organismo compartimentado como el nuestro un cuadro intermedio (enlace), falto de escrúpulos, puede traer o llevar versiones falsas, destinadas, entre otras cosas, a desprestigiar a la dirección frente a la base, o está frente a la dirección, con fines fraccionales o de autopromoción.

Éstas prácticas afectan fundamentalmente a la democracia interna, la cual se basa en la honestidad de todos los cuadros y sobre todo los intermedios. Éstos deben transmitir objetiva y fielmente tanto en las consignas de la dirección, como las inquietudes de la base, incluso en las críticas que a él se hagan. Las fallas en este aspecto pueden minar la confianza mutua entre compañeros de todos los niveles, que es la base de nuestra unidad.

La crítica y la autocrítica son formas de educar al militante dentro de la orga.”

Compartir

Deja una respuesta